Estaba meditando en todo lo que Dios ha hecho en mi vida hasta aquí. Y los momentos que he vivido y que ha usado en mi favor, para que mi amor por Él y su Palabra crezca día a día.
La Palabra de Dios es la culpable (en buenos términos) de la mujer que he llegado a ser. Dios la ha usado para pulirme y formarme en la mujer que soy.
Y no sólo esto, Dios usó su Palabra para mostrarme que mi vida vale la pena. Que aún con todo lo que había vivido, Él quiere para que yo disfrute de esta vida y pueda también ser de beneficio a muchos. ¿Sabes una cosa?
¡Lo quiere hacer contigo también!
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