Cómo vivir en prosperidad

Alguién me preguntó si este ministerio existe todavía. Curiosamente, hoy me levanté pensando que mucha gente empezó con un Blog, para luego dejar de escribir. Por alguna razón dejaron atrás ese primer deseo que los llevó a compartir con otros.

Dios puso en mi corazón empezar este Blog porque tenía grandes propósitos que llevar a cabo en muchas vidas. Él ha estado llevando a cabo su propósito en mi vida primero para que así pueda yo compartir con ustedes lo que Él puede hacer.

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Un deseo concedido… ¡Te vas a sorprender!

Si te has preguntado por qué no haz recibido un blog de mi parte hay una razón muy importante.

Aunque sí escribí unos pocos artículos este mes, la mayor parte del tiempo me dediqué a una tarea de una vez en la vida.

Mi hija se casó este mes y este evento, de gran trascendencia, ocupó mi tiempo totalmente. Sin embargo, Dios me estaba preparando y dándome muchas lecciones que estaré compartiendo contigo en los próximos artículos. Sigue leyendo

Quiero ser mamá y no puedo… La línea vertical solitaria

Una mujer me escribió diciendo: “Tengo 28 años esperando”. Otra dijo: “Es tan difícil ver el negativo”. Otra añadió: “A veces estoy llena de fe y después llegan mis días grises”.

Estas expresiones no son de ellas solamente. Son de muchas mujeres alrededor del mundo que están sintiendo el dolor de no ser madres todavía. Debo confesarte que me identifico con ellas en su dolor.

Aunque mi experiencia no fue de infertilidad a primera, sí conocí lo que es la infertilidad secundaria. Esto es, cuando después de haber sido madre, no puedes concebir. Por esta razón, sé lo que es sentir la decepción de intentarlo sin tener resultados positivos. Sé lo doloroso que es tomar el test y ver la línea vertical solitaria presente. Sé lo que es someterse a tratamientos de toda índole para poder concebir y ser mamá sin lograrlo.

Los sentimientos con los que me enfrenté son los mismos de cualquier mujer que está intentando salir embarazada sea por primera o segunda vez. Pensamos que Dios está en nuestra contra. Pensamos que Él se ha olvidado de nosotras. Que no somos dignas de ser mamás. Que “ella” es mejor que yo, y por esa razón yo no puedo.

Los sentimientos de inferioridad, la comparación, la desesperación, el enojo, la frustración y la depresión no están ausentes de quienes hemos pasado por estos momentos duros. Créeme cuando te digo que sé lo que estás sintiendo.

No he venido para decirte que no sufras o que no llores. Tampoco te voy a decir que no te desesperes y que no pierdas las esperanzas. Sé que todo esto lo has escuchado de una y otra persona cercana.

Estoy aquí porque esta semana vamos a celebrar el día de la madre y sé cuán doloroso debe ser esta fecha en tu vida. No poder celebrar como has querido por tanto tiempo. Siento tu dolor y quiero que sepas que tienes una amiga que comprende tu dolor.

Al mirar la foto que te comparto arriba, me di cuenta de algo interesante que quiero compartir contigo. La línea vertical solitaria que aparece en la foto, me habla de dos cosas que no debemos olvidar nunca.

Me di cuenta que esa línea vertical solitaria está apuntando a dos lugares.

Te pregunto: ¿A dónde señala esa línea vertical solitaria?

Me dirás: Arriba y abajo. Correcto.

¡Lo que encontré te va a sorprender!

El capítulo 40 de Isaías habla de la consolación que Dios estaba dando a su pueblo Israel después de haber pasado por un largo tiempo de dolor y sufrimiento bajo el cautiverio en Babilonia. Se conoce que los capítulos del 40 al 55 se refieren al tiempo en que Israel estuvo cautivo en Babilonia. Es la profecía de liberación para llevarlos nuevamente a casa.

Leamos los versos del 6 al 8 en este momento:

“Una voz dice: «Proclama». «¿Y qué voy a proclamar?», respondo yo. «Que todo mortal es como la hierba, y toda su gloria como la flor del campo. La hierba se seca y la flor se marchita, porque el aliento del Señor sopla sobre ellas. Sin duda, el pueblo es hierba. La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre»” Isaías 40:6-8

 

No sé que sucede en tu corazón cuando lees: “La palabra de nuestro Dios permanece para siempre”.

Esta declaración siempre ha sido un ancla para mi vida. Sin embargo, no podemos ignorar el sentimiento de incredulidad que se hace presente, cuando las cosas no están sucediendo como hemos pensado o planeado.

En el caso de la infertilidad, cuando hemos puesto nuestra fe en Dios y en su Palabra, y no recibimos lo que hemos pedido. Esa decepción nos hace desconfiar y hasta perder la fe.

El pueblo de Israel estuvo cautivo por 70 años en Babilonia. Una cautividad que a cualquiera lo hubiera desanimado, o quitado las esperanzas de un mañana mejor. Sin embargo el mismo capítulo habla del Dios que había emitido palabras de consuelo y de esperanza.

Los versículos del 10 al 24 nos describen a ese Dios poderoso que cumple su Palabra. Luego los versículos 25-26 concluyen con una pregunta. Nos afirma que no hay comparación. No hay nadie como Él pero también nos da una exhortación:

“«¿Con quién, entonces, me compararán ustedes? ¿Quién es igual a mí?», dice el Santo. Alcen los ojos y miren a los cielos: ¿Quién ha creado todo esto? El que ordena la multitud de estrellas una por una, y llama a cada una por su nombre. ¡Es tan grande su poder, y tan poderosa su fuerza, que no falta ninguna de ellas!” Isaías 40:25-26

 

Fija tus ojos en la exhortación que dice: “Alcen los ojos y miren a los cielos”. Es tiempo de reflexionar en esa línea vertical solitaria. ¡Esa línea vertical te dice: ¡Mira arriba!

Ese Dios que no tiene comparación y es más poderoso de lo que te imaginas es tu Dios. ¡Es tan grande su poder! ¡Tan poderosa su fuerza!

Creo que no hay mejor tiempo para alzar nuestros ojos al cielo para pedir auxilio y ayuda a nuestro Dios, que cuando estamos pasando por tiempos de dolor y tristeza. El Salmista se pregunta esto y al mismo tiempo se contesta:

“A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda?
Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra”
(Salmos 121:1-2, NVI)

 

Tú y yo tenemos que aprender a mirar arriba. Tenemos que recordar esta exhortación de alzar nuestros ojos al cielo. A poner nuestra mirada en el Dios grande y poderoso que tenemos para hacer mucho más de los que imaginamos.

En mi búsqueda, también descubrí que Dios mira hacia abajo. Si estabas pensando que Dios se ha olvidado de ti, quiero que fijes tus ojos en el Dios que te ve. El Roi es el nombre de Dios en Hebrero que significa: el Dios que me ve.

Él sabe lo que está sucediendo en tu vida. Esa línea vertical solitaria también nos recuerda que Dios está mirando hacia abajo. Lee conmigo algunas de estas declaraciones:

“El Señor mira desde los cielos a toda la raza humana; observa para ver si hay alguien realmente sabio, si alguien busca a Dios”
Salmos 14:2, NTV

“El Señor mira desde el cielo y ve a toda la raza humana. Desde su trono observa a todos los que viven en la tierra”
Salmos 33:13-14, NTV

Dios mira desde los cielos a toda la raza humana; observa para ver si hay alguien realmente sabio, si alguien busca a Dios.
Salmos 53:2, NVI

 

¡El SEÑOR te ve!

Aunque los momentos de dolor estén presentes, Dios está mirando. Él está al tanto de lo que te sucede. Por ningún momento dudes que se ha ido de tu lado. Mira lo que dice Lamentaciones 3:31-33 dice:

“Pues el Señor no abandona a nadie para siempre. Aunque trae dolor, también muestra compasión debido a la grandeza de su amor inagotable. Pues él no se complace en herir a la gente o en causarles dolor”

 

Este es el Dios que tú y yo tenemos. Un Dios misericordioso, bondadoso, lleno de amor inagotable. No se complace en herirte o causarte dolor.

Te voy a ser sincera. Tenemos la tendencia a echarle la culpa a Dios de lo todo malo que nos sucede. Algunas cosas son consecuencias de nuestra desobediencia. Otras son cosas que suceden porque vivimos en un mundo caído y de dolor.

Creo que ya es tiempo que lo dejemos de acusar o llamarlo culpable. ¡Dios está a tu favor! ¡Él te quiere ayudar!

Si las circunstancias de la vida te están afectando en este proceso de tu espera por un bebé, permíteme darte un consejo de alguién que ha pasado por lo mismo.

¡Alza tus ojos al cielo! El Dios que está allí, te mira también y te recuerda que puedes confiar en Él.

Algo más que no quiero que pasemos por alto en los versículos que leímos sobre el Dios que te ve. Allí se nos dice que Dios busca algo cuando mira a la raza humana. Dios está buscando en la raza humana a gente que lo busque a Él primero.

Mi consejo para ti: Mientras esperas, búscalo.

No hay una fórmula para conseguir de Dios lo que queremos. Pero de lo que sí podemos estar seguras es que Dios es exactamente como lo describe su Palabra.

Él es un Dios que te ama con amor inagotable y que busca hacerte bien. Su tiempo es perfecto y su bondad nunca termina. Cuando lo buscamos en su Palabra, lo vamos a encontrar y es allí cuando comprenderemos las cosas mejor.

Quizá hoy no comprendes muchas de tus incertidumbres y el por qué de las cosas. Sin embargo, lo que hará esto soportable en medio del dolor y aflicción es que alces tus ojos al cielo a quién tiene el poder para ayudarte y busques a Dios en su Palabra en estos momentos.

¡Busca a Dios en su Palabra! Su Palabra es la manera cómo te hablará y te mantendrá fuerte durante este tiempo.

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Tres maneras para vivir feliz – Manera #3

En la última lección del estudio bíblico Sabiduría Ante Todo compartí un video con las mujeres que tomaron el estudio. En ese video les hablé sobre la parábola que está en Mateo 25 sobre las diez vírgenes.

Además, hicimos una aplicación práctica con la Palabra de Dios que es la lámpara para nuestro camino. Creo que será de mucha bendición para tí escuchar este mensaje porque se relaciona sobre lo que vamos a hablar hoy. Te doy el enlace al final para que veas este video. Sigue leyendo

Tres maneras para vivir feliz – Manera #2

Lo prometido es deuda. Hoy estaremos hablando de la segunda manera de vivir feliz. La próxima semana te daré la tercera y concluiremos esta serie: “Tres maneras para vivir feliz”.

Escuchaba un mensaje de una maestra de la Biblia en donde ella mencionaba el versículo de Isaías 47:10. Leamos: Sigue leyendo