El cerebro es un órgano muy interesante según un artículo escrito por la Geografía Nacional (National Geographic).

Al nacer toda persona tiene la habilidad de escuchar todos los sonidos de toda lengua. A medida que las sílabas de español o de Inglés por ejemplo llenan nuestros oídos, las areas de lenguaje en nuestro cerebro empiezan a llenarse con esos sonidos.

Por esta razón, somos más sensitivos a unos sonidos más que a otros y perdemos la sensibilidad a los sonidos de otros lenguajes como son japonés o arameo por ejemplo.

El Espíritu Santo de Dios hace que nuestro cerebro comprenda el evangelio. En alguna forma misteriosa El Espíritu Santo nos ayuda a comprender las sílabas del evangelio de Dios y empezamos a oír lo que Dios nos está diciendo.

Esta habilidad de poder escuchar y entender lo que Dios nos dice es algo que poseemos nosotros los que conocemos a Cristo como nuestro Salvador y tenemos al Espíritu Santo viviendo en nosotros.

En Marcos capítulo 7:31-36 encontramos una narración sobre un hombre sordomudo que Jesús sanó. Los versos 32-33 nos dicen

“Allí le llevaron un sordo tartamudo,
y le suplicaban que pusiera la mano sobre él.
Jesús lo apartó de la multitud para estar a solas con él…”

En esta narración me pude identificar con este personaje. No en forma física pero en forma figurativa. Pienso que Dios quería que yo me diera cuenta lo cerrado que mis oídos estaban hacia Él. A veces,  así nos sucede. Pareciera como si hubiéramos perdido la sensibilidad a los sonidos de lo que Dios nos quiere decir. Me ha pasado en algunas ocasiones ¿y a ti?

En estos versículos hay algo que me llamó mucho la atención. Noten que dice que “Jesús lo apartó de la multitud”. No sé si Dios ha tenido que llevarte a otro sitio diferente del que has estado últimamente. Puede ser que Dios te llevó a otra casa, otra ciudad, otro trabajo, es decir a una situación distinta de la que estabas viviendo.

Durante mi vida han habido muchos cambios en los que puedo decir, figurativamente hablando, como si Dios me apartó de la multitud. En palabras simples, puedo decir que Dios me apartó de cosas en mi vida que estaban ocasionando distracción para que yo pudiera escuchar lo que El quería decirme.

Pienso que hay ocasiones en que esto es necesario. Dios tiene que llevarnos a otro sitio, a veces físicamente hablando, para que podamos escuchar claramente lo que quiere decirnos.

En el verso siguiente se nos dice que Jesús dijo esto:

“Luego, mirando al cielo, suspiró profundamente y le dijo: «¡Efatá!» (que significa: ¡Ábrete!) (v.34)

En el mundo en el que vivimos hay muchas cosas que quieren nuestra atención y cierran nuestros oídos. Es más, desvían nuestra vista de lo que Dios quiere hacer en nosotros. Creo que todos necesitamos un «¡Efatá!» de parte de Jesús en nuestra vidas. Yo soy una de las primeras en reconocerlo.

Dios ha tenido que moverme físicamente en algunas ocasiones para que yo pueda oír su voz. En ocasiones, Dios ha tenido que hacer que aquello en lo que tenía puesta mi mirada no tenga efectividad para llamar mi atención. Me dirán: ¿Por qué Dios no lo puede hacer sin movernos o cambiar la situación? Buena pregunta.

En realidad, Dios puede hacer cualquier cosa dondequiera y cómo quiera. Lo que sucede es que nosotros somos los que no cooperamos con lo que Él quiere hacer. Mientras estamos en el mismo sitio nuestra atención está dividida y a veces desviada a otras cosas que no nos permiten escuchar la voz de Dios. Si no vamos a colaborar con Dios voluntariamente, Dios permitirá cambios en nuestra vida que nos harán escucharlo sea como sea.

A veces, cuando Jesús está a punto de hacer algo especial en nuestras vidas, Él mismo hará ciertos cambios en nuestro ambiente. Nos alejará de aquello que nos está impidiendo pongamos atención o de aquello que es una distracción y nos guiará a un sitio en dónde podamos tener una mejor perspectiva de su gloria y poder.

Lo que he ganado en mi vida con los cambios que Dios ha hecho han sido grandes. He comprendido que la vida solo tiene un propósito primordial. El apóstol Pablo insiste en este propósito en Filipenses 3:8-9a:

“Así es, todo lo demás no vale nada cuando
se le compara con el infinito valor de conocer
a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él,
he desechado todo lo demás y lo considero
basura a fin de ganar a Cristo, y llegar a ser uno con él…”

Nada se compara al infinito valor de conocer a Cristo Jesús. Mi falta de atención a Su Palabra me privaba del propósito de Dios para mí el cual es ¡conocerlo más!

Conocer a Cristo en una forma íntima, siguiendo sus pasos, imitando su carácter, esa es la vida que satisface. Dios tuvo que abrir mis oídos a esta realidad.

Nuestro objetivo en esta vida es una relación estrecha con Dios. Es conocer la vida a la que nos ha llamado y obedecer ese propósito.

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Quizá, el Señor necesita pronunciar esta palabra en tu vida también hoy: «¡Efatá!» que significa  ¡Ábrete!

A lo mejor, Él te ha estado llamando la atención pero lo haz estado ignorando. Puede ser que Él ha estado cambiando tu ambiente para poder demostrarte su poder.

El Señor apartó al joven sordomudo de la multitud. Allí en un sitio con menos distracción o interrupciones hizo el milagro que este joven vino a buscar. No era una palabra mágica, sino una demostración de su poder para hacer un milagro.

Hoy, Jesús quiere hacer lo mismo contigo, lo hizo conmigo. Dios me ha permitido oír su voz por medio de Su Palabra como nunca antes.

Es mi oración que tus oídos sean abiertos para lo que Él tiene para ti. Mientras estemos en el mismo sitio, espiritualmente hablando, de apatía hacia la voz de Dios y sin darle lugar de mostrarnos su poder y su gloria; estaremos como el hombre sordomudo de nuestra historia necesitando que Jesús nos diga: «¡Efatá!»

Ve en busca de Jesús como este hombre y pídele que abra tus oídos a su voz. No sólo abrirá tus oídos sino que pondrá palabras en tu boca que traerán gloria a Su nombre.

 El SEñOR Soberano me ha dado sus palabras de sabiduría,
para que yo sepa consolar a los fatigados.
Mañana tras mañana me despierta
y me abre el entendimiento a su voluntad.
El SEñOR Soberano me habló,
y yo lo escuché;
no me he rebelado, ni me he alejado.
Isaías 50:4-5

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3 pensamientos

  1. Como siempre Dios se manifiesta en mi vida de manera inesperada y sorpresiva mostrándome mis equivocaciones y un nuevo camino, difícil de seguir porq estoy cerrada a su palabra en ocaciones.
    Dios abre mi mente y mi corazón a tus enseñanzas.

  2. que buen mensaje.Sus reflexiones tienen mucho que ver con lo que nos pasa a diario.Los avatares de esta vida moderna,nos hacen olvidar los dones que DIOS nos da

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