“Las lluvias de Abril traen las flores de Mayo”

Vivo en Colorado y la temperatura puede cambiar de un momento a otro. A través de los años, he aprendido a adaptarme a estos cambios repentinos. La semana pasada tuvimos unos días de primavera hermosos, calientes y soleados. Esta semana, tenemos lluvias diarias y frío.

Dicen que las lluvias de Abril traen las flores de Mayo. Es cierto. Ayer cuando manejábamos le dije a mi esposo, todo está volviéndose verde otra vez. Sin embargo, horas después le dije a una amiga, no me gusta la lluvia. Pero en realidad, una cosa está ligada a la otra. Si queremos ver la linda creación verde, ver flores florecer y señal de vida, a veces la lluvia, aunque nos incomode, tiene que venir. Es una manifestación del amor de Dios también.

En la Palabra de Dios, se hace referencia a la lluvia como una forma de bendecir la tierra. En Isaías 55, Dios habla sobre la lluvia y la nieve y hace una comparación con su Palabra. El dice esto:La lluvia y la nieve descienden de los cielos y quedan en el suelo para regar la tierra. Hacen crecer el grano, y producen semillas para el agricultor y pan para el hambriento. Lo mismo sucede con mi palabra. La envío y siempre produce fruto; logrará todo lo que yo quiero, y prosperará en todos los lugares donde yo la envíe” (Isaías 55:10-11).

La Palabra de Dios es como la lluvia que llega para refrescar la tierra seca, infértil y sin vida. No sólo hace este trabajo, sino que hace producir fruto allí en donde parece que nada puede crecer.

Viví por mucho tiempo esperanzada en que otras cosas llenaran mi vida y me dieran satisfacción. Engañada con los logros que había conseguido pensando que era allí en donde encontraría la via plena y abundante que Dios prometió. Mi vida estaba vacía al punto de querer dejar de existir porque no había razón para vivir.

Dios me mostró en su Palabra que valía la pena vivir porque El tenía un propósito para mi vida y la de muchos que piensan igual que yo. Una vida que tiene signficado no sólo para tí sino para los que te rodean. Esa vida está escondida con Cristo. Esa vida esta a tu disposición y tú tienes derecho a ella por ser hija de Dios.

Sin embargo, descubrí que esa vida no la gozaría porque la deseaba solamente o porque leía un libro. O porque iba a la iglesia, o porque era la esposa de un pastor. Tampoco porque tenía hijos o porque había conseguido algunas cosas materiales. Esa vida sin satisfacción me perseguía porque no había encontrado el significado de lo que era tener una estrecha relación con Jesús.

Jesús vino para que tú vida y la mía sean diferentes. Para que sean llenas de felicidad, victoria y de éxito aún en medio de cualquier dificultad o dolor que enfrentemos. No te estoy diciendo que no vas a experimentar dolor o sufrimiento. Esto es el resultado de vivir en un mundo caído y cruel en donde la maldad existe, y el enemigo trata de truncar nuestra jornada.

Lo que sí te digo es que Dios se ha comprometido en su Palabra a ser tú respaldo, tú ayuda, tú fortaleza, tú agua fresca, tú sanador, tú restaurador, tú libertador, tú proveedor, tú protector y mucho más. Si tan sólo descubrimos estas verdades en Palabra día a día y las aplicamos en el diario vivir nuestras vidas no serían las mismas.

Dios quiere sanar tú corazón roto y dolido. Dios quiere llenar los vacíos de tú corazón. Dios quiere liberarte de cualquier adicción que parece dominarte. Dios quiere que vivas con propósito. Dios quiere que comiences de nuevo. ¡Hay esperanza en Dios! Mira lo que dice la Biblia:

“Esto dice el Señor: «Malditos son los que ponen su confianza en simples seres humanos, que se apoyan en la fuerza humana y apartan el corazón del Señor. Son como los arbustos raquíticos del desierto, sin esperanza para el futuro. Vivirán en lugares desolados, en tierra despoblada y salada. »Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza. Son como árboles plantados junto a la ribera de un río con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes y nunca dejan de producir fruto” (Jeremías 17:5-8).

¡Qué hermoso! La Palabra de Dios es el antídoto para la sequía. Es como la lluvia que llega para regar cualquier sitio desolado, seco y que necesita agua fresca. Es como un oásis en el desierto porque trae refrigerio a todo el que está sediento.

Las palabras de Oseas suenan en mis oídos en este momento, porque es verdad lo que dijo. Lo he experimentado en mi propia vida y quiero que tú también lo experimentes: “¡Oh, si conociéramos al Señor! Esforcémonos por conocerlo. Él nos responderá, tan cierto como viene el amanecer o llegan las lluvias a comienzos de la primavera” (Oseas 6:3).

El Proyecto LEMA te llevará a conocer a Dios en maneras como nunca antes lo has conocido en su Palabra. Sigue el enlace para conocer sobre los beneficios de la membresía al Proyecto LEMA: Membresía al Proyecto LEMA.

 

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