El día que Dios guardó silencio ~ Sábado Santo

Ayer como cada año asistí a un servicio de Viernes Santo en donde recordamos los acontecimientos de aquel día cuando Jesús murió en la cruz por los pecados de la humanidad.

El amor y justicia de Dios se demostraron en la cruz de Cristo. Juan en el libro de Apocalipsis también nos hace reflexionar del gran significado que el evento de la cruz tiene para nosotros. En el capítulo  cinco, se nos dice que Juan lloraba porque no había nadie digno de abrir el rollo y los siete sellos.

El verso cinco también dice que un anciano le dice esto: “¡Deja de llorar, que ya el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido! Él sí puede abrir el rollo y sus siete sellos”.

Enseguida Juan mira y ve esto: “Entonces vi, en medio de los cuatro seres vivientes y del trono y los ancianos, a un Cordero que estaba de pie y parecía haber sido sacrificado”.

Aquí en este libro de triunfos como es Apocalipsis, encontramos la imagen del León de Judá que parecía haber sido sacrificado. El es el único que es digno de abrir el rollo y los sellos. La muerte de Cristo en la cruz, aún después de su resurrección y asención permanece crucial en su identificación como el Digno Rey de Reyes.

Ayer recordamos la muerte de Cristo. Hoy queremos recordar que el Sábado es el día cuando Cristo estuvo enterrado en una tumba. En otras palabras la fe y la esperanza no existían ese Sábado. Desde que el sol se puso hasta el amanecer, los fieles pensaron que todo había terminado.

Dios pudo haber resucitado a Jesús un segundo después de haber muerto, pero no lo hizo. El Santo Sábado es un día en que hubo silencio de Dios. Si eres como yo, generalmente el día Viernes Santo recordamos el sacrificio de Jesús, y luego no volvemos a pensar más en este evento hasta que con regocijo celebramos su resurrección el Domingo. El día de Resurrección se ha celebrado como un día glorioso y de esperanza para nosotros los creyentes.

Hoy me he detenido a pensar en el día Sábado y lo que representa para nosotros. En Lucas 24:21 después de la crucifixión, en el camino a Emaús, dos seguidores de Jesús dijeron esto: “Pero nosotros abrigábamos la esperanza de que era él quien redimiría a Israel”. Imagínense por un momento a los discípulos habiendo participado de una comida con Jesús la noche anterior celebrando la Pascua.

Jesús era el Mesías quien vendría a librarlos de la mano de los romanos. Después de la muerte de Jesús, naturalemnte pensaban que Jesús no había sido lo que ellos esperaban, ¡El se murió! Este era el sentir en ese momento de sus seguidores. ¿Cómo es que el Mesías murió? Se habrían preguntado.

La cruz de Cristo cambia la forma en la que vemos todas las cosas. Como dice Elizabeth Johnson: “La cruz pone todo patas arriba y hace que el primero sea el último y el último el primero, el sabio tonto y al tonto sabio, y hasta a los muertos vivos”.

Pablo habla a los Corintios algunos años despues de la crucifixión de Cristo y dice esto en 1 Corintios 2:2: “Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado”. Para Pablo no había mayor deseo que el de ¡conocer a este Cristo crucificado!

Si la muerte de Cristo, aún después de su resurección y ascensión sigue siendo crucial para identificarlo como el único digno Rey de Reyes y como el León de Judá, según Apocalipsis. Podemos concluír que el sacrificio en la cruz también es esencial para nosotros sus seguidores hoy en día. No es un evento que celebramos cada Semana Santa solamente.

Por esto es que Pablo dice esto en 2 Corintios 4:10 entre otras cosas: “Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo”. Esto implica que manifestar la vida de Cristo en nosotros está directamente vinculada con la muerte de Cristo en la cruz. Te pregunto: ¿Cómo llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Cristo?

La muerte de Cristo en la cruz es el poder de Dios demostrado y disponible para nosotros hoy. Cuando vivimos la vida cristiana, cualquiera que sea la situación por la que pasamos o estamos viviendo, el mismo poder que Dios manifestó en el sacrificio y resurrección de Jesús también, actúa en nosotros.

La Biblia dice en 1 Corintios 1:18 esto: “El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios”. Tu vida es un mensaje del poder de Dios.

Que nuestras vidas sean un constante testimonio de la misma vida de Cristo. Que seamos testimonios de su amor sin medida, su perdón incondicional, su humildad auténtica y su obediciencia hasta la muerte.

El poder de Dios demostrado en la cruz y resurrección de Cristo es el mismo que obra en nosotros. Si hoy te sientes muerta o sin vida tengo buenas noticias. El mismo Espíritu de Dios que resucitó a Cristo, el cual vive en tí, puede darte vida también a tí.

“Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes” Romanos 8:11.

 

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