Nunca es tarde para responder ~ ¡Responde!

A la edad de 15 años Dios me llamó a compartir su Palabra con mujeres. Recuerdo el día en que estaba sentada con un grupo de compañeras del colegio debajo de un árbol. No me acuerdo lo que les compartí. En aquellos tiempos, no sabía casi nada, sin embargo compartía lo poco que sabía de Dios.

Mirando atrás veo como Dios orquestró todo en mi vida para traerme al sitio en donde estoy hoy. Compartiendo su Palabra con miles de mujeres alrededor el mundo.

Desde temprana edad empecé a servir al Señor de diferentes maneras. Lo hice en mi país, en los Estados Unidos, y en algunos otros países del mundo. Me casé y empecé a servir como esposa de pastor. Mi vida ha sido una larga trayectoria con Dios que no cambiará por nada.

Cuando me mudé a Colorado Springs empezó un hambre inmensa por la Palabra de Dios. Dios había puesto su Palabra en mi corazón como una semilla que estaba empezando a florecer. No podía dejar de hacer estudios bíblicos y aún los hago. Verdades que había escuchado en la iglesia o escuela dominical ahora tenían vida para mí. La Palabra de Dios empezó a tener significado y mi vida cambió por completo.

Nunca antes había experimentado la Palabra de Dios en mi vida como ahora. La vida abundante con Jesús era una vida de lejos y que no me pertenecía. Así lo creía. Sólo la conocía en la mente, los domingos o simplemente cuando necesitaba de El. Cuando su Palabra empezó a ser mi fuente de vida, todo cambió.

Hoy, después de años de haber escuchado su llamado, siento que estoy viviendo a diario el propósito para el cual Dios me puesto en esta tierra. Llevando el mensaje de Jesús en su Palabra a miles de miles de mujeres en todo el mundo.

Lo más hermoso de esto es que ¡ni siquiera tengo que viajar para hacerlo! Aunque me encanta viajar, y lo hago para compartir en persona con mujeres en todo el mundo también; mi corazón está lleno de satisfacción al compartir estos mensajes en Podcast (audio) por medio de una computadora o un teléfono. Es algo que mi mente finita no puede comprender. Pero que Dios lo orquestró para bendecir a muchas mujeres.

¡Dios te está llamando a tí también! Déjame repetirte esto: ¡Dios te está llamando a tí también! ¿Recuerdas cuando Dios llamó a Samuel? Esta historia está en 1 Samuel 3:1-14. Dios estaba llamando a Samuel pero Samuel no reconocía su voz.

La Biblia dice que Samuel creía que Elí lo estaba llamando. Tres veces fue a preguntarle a Elí para qué lo había llamado. Elí le contestó varias veces diciéndole: Yo no te he llamado. Cuando Elí se dio cuenta que era el Señor el que estaba llamando a Samuel, le dijo esto. Leamos:

“Entonces le dijo a Samuel: Ve y acuéstate de nuevo y, si alguien vuelve a llamarte, di: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Así que Samuel volvió a su cama. Y el Señor vino y llamó igual que antes: —¡Samuel! ¡Samuel! Y Samuel respondió: —Habla, que tu siervo escucha. Entonces el Señor le dijo a Samuel…” 1 Samuel 3:9-11.

Quiero destacar dos cosas en esta historia. La primera es que Dios estaba llamando a Samuel y El no lo reconocía. Dios había intentado tres veces pero Samuel había confundido su llamado con la voz de Elí. Elí tuvo que aclararle que no era El. Elí ayudó a Samuel a reconocer que era el Señor quien estaba insistiendo en que lo escuchara.

La segunda cosa que quiero destacar es que Dios no le habló a Samuel hasta que contestó como Elí le indicó. Leamos lo que dicen los versos 10-11: Y Samuel respondió: —Habla, que tu siervo escucha”. Entonces el Señor le dijo a Samuel…” Fíjate que dice que después que Samuel respondió a Dios… Entonces, Dios habló.

Dios te está llamando. Quizá hay situaciones en tu vida que no comprendes. Dios te está llamando. Quizá estás con temor, sin saber que hacer. Dios te está llamado. A lo mejor, estás perdiendo la esperanza. Dios te está llamando. Quizá hay situaciones díficiles que tienes que resolver. Dios te está llamando. O, quizá estás perdiendo las ganas de vivir. Dios te está llamando. A lo mejor, tienes el corazón roto y estás llorando todos los días. ¡Dios te está llamando!

Creo con todo mi corazón que el Señor te está llamando. Cuando las cosas no andan bien, hay una voz que se levanta para decir tu nombre. Dios quiere ayudarte y lo que pide es que respondas a su llamando. ¿Lo vas a ignorar? O, como Samuel dirás: “Habla que tu sierva escucha”.

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