Ora la Palabra de Dios ~ Hay una mejor vida ~ Parte 4

estandada2El otro día uno de mis perros empezó a hacer un hueco en la arena. Chole, la perra de más edad, pero la más chica, empezó con sus dos patitas a hacer un hueco.

Fue un hueco en donde quiso esconderse. Tenía que ser lo suficientemente grande para que funcionara.

Cuando Chole logró el hueco que quería se metió de tal manera que quedó atrapada y no podía levantarse para salir de alli por sí sola. Chloe se quedó allí sin poder salir. Pareciera como si se dio por vencida y quedarse estancada era la mejor solución.

Lastimosamente, los otros perros a su alrededor no la podían ayudar a salir de ese hueco. Ella necesitaba de la ayuda de su amo. Cuando mi esposo llegó y la vio atrapada, la ayudó a salir de allí. Te pregunto: ¿Hay algún hueco en tu vida que has construído y te tiene atrapada?

Sé lo que es vivir en huecos de esclavitud. No te hablo de nada ajeno a mí. Viví por muchos años creyendo que el pozo que había construído me daría la satisfacción en la vida que estaba buscando. Aunque conocí a Cristo desde muy temprana edad mi vida era simplemente una rutina religiosa que no sabía lo que significaba tener una vida abundante. Hablo de esto en mi libro “De Cenizas a Belleza”.

Quizá tú estás viviendo también estancada en un hueco del que no puedes salir. Hay un relato en la Biblia en Juan capítulo cinco que nos puede dar una lección importante en cuanto a cómo salir de esos huecos de esclavitud en los que muchas veces nos acostumbramos a quedarnos por cualquier excusa que nos parece razonable.

Una autora dijo lo siguiente en cuanto a vivir estancado: “Esperar el tiempo perfecto es una gran excusa y racionalización para quedarse en el mismo sitio donde estás”. Me parece que tiene mucha razón. Si quedarnos en el mismo sitio resulta más fácil que hacer el esfuerzo para salir de allí, nos llenaremos de excusas y miles de razones por las que diremos “Prefiero quedareme aquí o así”. Pero esa no es la manera de vivir a la que Dios nos ha llamado.

Las palabras de Jesús deben resonar como un címbalo en nuestros oídos. Cuando lo hacen nos motivarán a salir del lugar en donde nos hemos metido por nuestra propia racionalización o por alguna excusa sin peso. Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). La Traducción en lenguaje actual lo dice así: Yo he venido para que todos ustedes tengan vida, y para que la vivan plenamente”.

Quiero que leamos el relato de Juan cinco los versículos 6-8. Antes te voy a dar un sumario de lo que estaba sucediendo. Jesús iba en camino a Jerusalén para las fiestas. Pasó por un estanque llamado Betzatá. La Biblia describe este sitio como un lugar en donde habían enfermos. Me llama la atención que menciona a tres clases. Leamos: “ En esos pórticos se hallaban tendidos muchos enfermos, ciegos, cojos y paralíticos”  (Juan 5:3).

Esta clasificación, naturalmente es una descripción de la condición física de los que estaban cerca de ese pozo. Pero creo que no corremos ningún peligro en asociar esas condiciones físicas con condiciones espirtuales nuestras que a veces nos impiden disfrutar de la vida a la que Dios no ha llamado.

Quizá tú también has experimentado ceguera espiritual. No puedes ver más allá de tus circumstancias y problemas. Esto me habla a mí de visión también. Muchas veces he perdido la visión de lo que Dios quiere hacer en mi vida y con mi vida y me quedo estancada en el mismo sitio sin poder moverme.

Tú y yo estamos en este mundo para vivir vidas extraordinarias. No para vivir vidas que se puedan explicar fácilmente. Dios quiere hacer realidad en tu vida lo que dice 1 Corintios 2:9: “Sin embargo, como está escrito: «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman”. Me pregunto si quieres esta clase de vida.

Esa descripción de cojos me habla tan cerca en mi vida. Muchas veces, Dios mismo me ha hecho ver que la sanidad que hemos recibido la queremos solamente en parte. Queremos tener un pie en la vida anterior y un pie sano. De tal manera que cojeamos y no estamos gozando de esa vida plena que Dios tiene para tí y para mí.

Al principio del año que va a terminar, Dios me mostró que debía tomar medidas en cuanto a la cojera espiritual con la que aún vivía. Un versículo lema que he tenido presente está en Hebreos 12:12-13:12 Por tanto, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas. 13 «Hagan sendas derechas para sus pies», para que la pierna coja no se disloque sino que se sane”.

Esto nos habla claramente de dos acciones que tú y yo debemos tomar para salir de la cojera espiritual. 1) Renovar las fuerzas y 2) Hacer sendas derechas. El resultado será sanidad total. No más desvíos, sino completa salud. Me pregunto si quieres esta clase de vida.

La útlima descripción creo es tan importante también como las otras. Pero hay una gran diferencia porque ésta enfermedad fue la que Jesús destacó en este encuentro. Una pregunta que Jesús le hizo al hombre paralítico fue ésta: Juan 5:6: “¿Quieres quedar sano?“.

El relato nos dice que este hombre paralítico ni siquiera contestó la pregunta. Más bien, dio una excusa que quiero que leamos:—Señor —respondió—, no tengo a nadie que me meta en el estanque mientras se agita el agua, y cuando trato de hacerlo, otro se mete antes (Juan 5:7). Naturalmente, este hombre creía que Jesús estaba allí para darle un empujón al estanque. El mismo relato nos dice esto: “El que había sido sanado no tenía idea de quién era” (v.13). Lejos estaba de la mente de este paralítico que tenía en frente al Sanador Divino.

¿Cuántas veces nosotros olvidamos que gozamos de la ayuda más grande que cualquier persona puede tener? Estamos en el sitio de estancamiento porque queremos. Escucha la pregunta de Jesús: ¿Quieres ser sano? El no dijo: ¿Por qué estás aquí estancado? o ¿Nadie te ha ayudado a salir de tu estanque? o ¿Has pasado el tiempo mirando que otros se meten al agua y quedan sanos y tú sigues igual? Naturalmente esta había sido su vida. Por ¡38 años! vivió estancado con sus excusas y razones por las que estaba en el mismo lugar.

Tú y yo podemos vivir la vida así también. Llena de excusas y razonamientos que nos impiden movernos y seguir adelante. Me encanta ver que Jesús no se detuvo a hablar con este hombre de sus excusas. En su lugar, le  dio lo que necesitaba y le dijo: “Levántate, recoge tu camilla y anda —le contestó Jesús. Al instante aquel hombre quedó sano, así que tomó su camilla y echó a andar” (Juan 5:8-9).

Tú y yo podemos tener miles de excusas para mantenernos en el sitio en donde estamos. Sin embargo, quiero que hoy te des cuenta que Jesús está más interesado en tu sanidad que en las excusas que te han mantenido o te mantienen en ese estancamiento. El puede liberarte de cualquier sentimiento dañino que te mantiene estancada. El puede darte la libertad para caminar nuevamente con seguridad. El puede y quiere que con esa sanidad abras tu boca para proclamar su amor, misericordia y bondad. En mi libro “Un Corazón Libre y Sano” encontrarás ayuda para salir de cualquier esclavitud en la que te encuentras hoy.

Las heridas del pasado pueden paralizarnos y dejarnos en el sitio en donde estamos. Jesús quiere sanarlas, quiere cicatrizarlas para que ellas se conviertan en evidencias de su gran poder para restaurar cualquier vida. Más sobre esto en mi libro Cicatrices: Las señales de victoria sobre las heridas del pasado.

Es tiempo de dejar las excusas a un lado. Es tiempo de enterrar todo resentimiento, rencor y odio. Es tiempo de enterrar todo pecado que nos asedia y toda derrota que nos impide levantarnos nuevamente. Es tiempo de salir de esa depresión que te mantiene sin ánimo y voluntad para seguir adelante. Hoy Jesús te pregunta: “¿Quieres ser sana?” El quiere una respuesta. Y la respuesta tiene dos letras solamente.¡Sí!

Si contestas Sí, El extenderá su mano de poder y te dará aquello que necesitas. No hagas como el paralítico, no contestes con excusas o razonamientos. Deja que tu Amo y Señor te de la mano para salir de ese pozo en donde te has quedado estancada y quizá al  que te has acostumbrado a estar. No dejes pasar un día más. Te pregunto: ¿Quieres ser sana? Oremos:

Señor, ya no quiero estar en mi estanque. Quiero gozar a plenitud de esa vida abundante que me ofreces. Tú conoces cada situación que me ha llevado a sitio en donde estoy y he permanecido por mucho tiempo. Has una limpieza total en mi corazón para que mi vida se llene de propósito, mis ojos tengan visión para un futuro mejor. Para que mis pies escojan caminar en tus pasos. Tu Palabra dice esto: “«Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti” (Salmos 32:8). Haz esto en mi vida. Quiero salir de mi estanque, quiero disfrutar de la vida abundante que tú me ofreces. Pon en mí una nueva esperanza que mi verdad sea ésta también: “Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Me sacó de la fosa de la muerte, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme”  (Salmos 40:1-1). En el nombre de mi Sanador, Jesucristo, Amén.

“Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros. Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo” (2 Corintios 4:7-10).

Jesús te pregunta: ¿Quieres ser sana?. Deja tu respuesta aquí. Si necesitas oración puedes dejar tu petición aquí: Necesito Oración

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