Dos maneras de deshacerte de tus problemas

problemasCualquiera que no tenga problemas que alce la mano en este momento. Si alzaste la mano eres afortunada.

Lamentablemente esta vida está llena de inconvenientes, problemas y más problemas. Si no los tenemos hoy, quizá mañana aparecerá uno. Alguien dijo: Si no es una cosa, son dos.

No estoy dándote malas noticias, es la realidad del mundo en que vivimos. La buena noticia es que nosotras tenemos herramientas incomparables que nos sostienen durante estas etapas de nuestras vidas.

El otro día buscaba referencias en la Biblia sobre “vestiduras” o “ropa”. Me topé con el encuentro de Jesús y la mujer con flujo de sangre. ¿Sabes de que historia estoy hablando? Está en Marcos 5:25-34. (Te invito a leer esta porción en este momento). ¿Ya leíste?

Voy a hacerte un resúmen de este episodio. Jesús estaba en camino a la casa de Jairo. La hija de Jairo estaba enferma y El iba a sanarla. Mientras Jesús caminaba la multitud lo seguía. Entre la multitud estaba una mujer que había estado sufriendo por doce años de hemorragias. Quizá no tenía hijos, y tampoco podía tener hijos, algo que es muy doloroso para cualquier mujer que ha vivido o vive esta situación. Nuestro corazón es sencible hacia aquellas mujeres que están pasando por esto.

La mujer con hemorragias tenía un problema que sin lugar a dudas le había traído muchos más problemas en su vida. Solamente nos podemos imaginar algunos de ellos porque no se nos dice esto.

Todas nosotras enfrentamos toda clase de problemas: infidelidad, soledad, salud, financieros, amorosos, tristezas, inseguridades, corazones rotos y más. Todo esto nos ocasiona dolor, inestabilidad espiritual, falta de fe y esperanza, desesperación y desánimo.

La pregunta que nos queremos hacer hoy es ésta: ¿Qué podemos hacer con nuestros problemas?

La mujer de nuestro relato nos da dos enseñanzas que creo son claves para nosotras también hoy.

1. ¡Ella se habló a sí misma y se dijo la verdad!

El verso 28 nos dice esto de ella: “Pensaba: «Si logro tocar siquiera su ropa, quedaré sana.»

Cuando se habló a sí misma, lo interesante es que ella se dijo la verdad. Cuantas veces nosotras no hablamos verdad a nosotras mismas y nos quedamos en el mismo sitio porque no reconocemos el problema que tenemos y que necesita atención divina.

Tenemos que aprender a decirnos la verdad. No a hacer excusas o ignorar lo que nos sucede. Llamar a esa condición por su nombre. Reconocer que tengo un problema es el primer paso hacia la ayuda que El nos puede  y quiere dar.

Si estás abrumada o deseperada. Si parece que tu situación no tiene solución y no sabes que hacer, debes decirte la verdad. Reconoce que tienes un problema y a quien lo debes llevar.

Hebreos 4:16 nos dá la libertad de venir con ese problema y esa condición sin temores: “Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos”.

2. Ella buscó la ayuda en quién la podía dar.

Muchas veces somos tentadas a buscar ayuda en todo menos en el sitio o persona correcta. La mujer de este relato, pensó, pero también actuó buscando la ayuda en Aquel que podía darle la sanidad que tanto buscaba.

La ropa que Jesús llevaba ese día era un manto muy significativo en este relato en lo que se relaciona al Mesías. Quizá ésta mujer conocía muy bien lo que se dice en Malaquías 4:2 sobre el Mesías: “Pero para ustedes que temen mi nombre, se levantará el sol de justicia trayendo en sus rayos salud”.

Ella no solamente se dijo la verdad sino que se acercó a la Verdad. Ella dijo, leamos Marcos 5:28: “Si logro tocar siquiera su ropa, quedaré sana”. Ella no se quedó diciendo esto, pero actuó. Extendió su mano y tocó su ropa nos dice el pasaje. Allí fue cuando experimentó su sanidad.

Claro está que su fe en Jesús fue lo que Dios honró al sanarla. Fijénse lo que dice el verso de Marcos 5:34: “—¡Hija, tu fe te ha sanado! —le dijo Jesús—. Vete en paz y queda sana de tu aflicción”. Nuestra fe en Dios mueve la mano de Dios, incluso cuando está en camino a hacer otra cosa. ¡Qué verdad más alentadora para tí y para mí! Dios ve, Dios escucha, Dios no ignora. Acércate con tu problema, en El hay sanidad y ayuda.

Reconozcamos lo que nos abruma y necesita atención de Jesús hoy. Pero no sólo reconozcamos traigamos esa molestia a El, quien puede, sabe sanar y dar la ayuda que necesitamos por completo.

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“De Cenizas a Belleza” ¡En Vivo! ~ San Antonio, TX ~ Septiembre 13, 2014

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