¿Tiempos de Sequía? ~ Entre Lluvias ~ Parte 3

frutodelasequiaLa sequía que hubo en el año 2007 en Florida permitió que los arquéologos encontrarán artefactos de historia muy valiosos para este estado.

Estos artefactos arqueológicos estaban enterrados un poquito más abajo de la tierra seca del Lago Okeechobee, el segundo lago más grande en los Estados Unidos.

Debido a la sequía, este lago llegó a su nivel más bajo. En algunas áreas la costa retrocedió más de una milla, dando lugar a que artefactos valiosos que estaban enterrados salieran a la superficie. Muchos de ellos con historia de más de 500 años.

Todos estos artefactos de gran valor estaban debajo de la superficie del agua durante muchos años. Tomó una sequía para sacarlos a la luz del día otra vez. Las sequías espirituales no son divertidas, se los digo yo que he pasado por algunas. Sin embargo, las pruebas y los momentos de duda que vienen durante la sequía personal pueden revelar muchas cosas acerca de nosotros. Cosas valiosas que Dios ha plantado y quiere traer a la luz.

Hoy concluimos esta serie de devocionales que hemos titulado “Entre Lluvias” con los dos puntos finales. En la primera parte y en la segunda parte de estos mensajes, nos hemos dado cuenta que Dios está haciendo algo especial cuando pasamos por sequías. Este es un tiempo cuando las lluvias están escasas pero con un propósito, el de producir frutos. Dios está realizando un trabajo en la tierra que ha sido regada. Este el momento cuando lo que hemos recibido de Dios, El lo pone a prueba para cimentar aquello que nos ayudará a vivir victoriosamente.

“Entre Lluvias” no es un tiempo para desánimos, ni para derrotas. Es un momento crucial en el cual nos ponemos de acuerdo con Dios para caminar paso a paso con El. No es el momento para deternos tampoco o para regresar al pasado. Es más bien una oportunidad para emprender el camino con más vigor y determinación. Son momentos decisivos que debemos tomar con plena confianza en Dios, pues su mano nos guiará a la plenitud de vida a la que nos ha llamado.

Sin más retraso veamos el punto número 4. Santiago 5:10-11: Amados hermanos, tomen como ejemplo de paciencia durante el sufrimiento a los profetas que hablaron en nombre del Señor. Honramos en gran manera a quienes resisten con firmeza en tiempo de dolor. Por ejemplo, han oído hablar de Job, un hombre de gran perseverancia. Pueden ver cómo al final el Señor fue bueno con él, porque el Señor está lleno de ternura y misericordia”

Déjenme hacer una pausa en donde dice: “honramos en gran manera a quienes resisten”. Cuando necesitas ánimo y paciencia al pasar por esa temporada de “Entre lluvias”, aquí se nos dice que miremos a las personas que ya han pasado por ese camino de fe. Tenemos esa linda figura en Hebreos 12:1a: “Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos”. ¿Cuál esa multitud de testigos? Es la gente que ha pasado antes de nosotros por la jornada de fe, los fieles de los que nos habla Hebreos 11. La idea es que ellos están animándonos a continuar.

Imaginemos a Isaac, Abraham, Jacob, Pablo, Pedro, Juan el Bautista, Juan, y otros que son como una multitud diciéndonos: ¡tú puedes! ¡sí puedes! Este pasaje no está en el contexto de ángeles. Habla de gente como nosotros que han ido delante de nosotros. Ahora es nuestro tiempo. El tiempo que tenemos aquí no es largo, es corto. ¡Sí podemos hacer esto! ¡Sí podemos ser fieles!

4. Enciende una determinación fresca a través de las historias de otros.

Debemos buscar esos ejemplos en la Palabra de Dios. Primeramente el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo. Luego que miremos a aquellos personajes del Antiguo y Nuevo Testamento que perseveraron. Que los estudiemos y nos preguntemos: ¿Qué los hizo perseverar? ¿Qué clase de relación tenían con Dios? Como vemos con Abraham, que cuando no podía ver la evidencia de la promesa de Dios, ¿qué es lo que lo hizo perseverar? Estudiemos estas vidas y dejemos que sus ejemplos nos animen y enciendan nuestra fe.

En el verso 10 hay una palabra que se ha traducido: “ejemplo”. Cuando miramos a esa palabra en griego es: “hupodeigma” y significa “modelo”. En nuestros términos es como ver una pasarela para presenciar a “modelos”. Si has visto los desfiles de belleza, las concursantes bellas caminan por una pasarela. También vemos modelos mostrando las nuevas modas. Esta es la palabra que se está usando aquí, “tomen como modelo o ejemplo” (Santiago 5:10). Creo que esto nos da un tremendo giro a lo que normalmente consideramos un “modelo”.

Imagínate una pasarela de los personajes bíblicos. Te lo voy a describir. Lo llamaremos: “Un desfile de los modelos de la Biblia” Veamos como los modelos se presentan en esta pasarela: Despeinados, sin arreglos. Imagínense a ellos con ropa que se han puesto por cuarenta años, y el olor es de cuarenta años también. Ojos sobresalidos, porque han visto tremendas cosas. Con cojera, definitivamente esto sí, cojeando. Imaginémonos a todos los modelos de nuestra fe caminando por la pasarela. Y nosotros estamos sentados contemplando este desfile y luego decimos: “Quiero ser como ellos”. ¿De veras?

Imaginémonos que están llegando al final de la pasarela, allí donde Jesús está esperando. Hebreos 12:3 nos dice que fijemos la mirada en Jesús: “quien por el gozo que le esperaba” sufrió, y aguantó. Cuando termines tu carrera, el autor y consumador de tu fe, estará allí esperándote. De repente esa persona despeinada, con ojos sobresalidos o cojeando llega hasta donde está el Salvador al que fielmente ha seguido. Y el Señor le otorga la corona de vencedor, y un traje de lino blanco, y de repente esa persona es hecha nueva, perfecta en Cristo, y no hay belleza como la belleza del Señor.

Me encanta la traducción del verso 11: “En verdad, consideramos dichosos a los que perseveraron” (NTV). Cuando vemos a alguien que persevera y gana un premio nos alegramos por ellos y los consideramos bendecidos. Te pregunto, ¿quieres una gran historia de tu vida o no? Imagínate la historia que tus nietos contarán sobre ti o quizá sus hijos dirán de ti algún día. Todos tenemos los ingredientes para una gran historia. Somos gallinas y no queremos entregarnos a ello. Todos tenemos los ingredientes para una gran historia.

Veamos el punto cinco. Leamos los versos 17-18 de Santiago 5: “Elías era tan humano como cualquiera de nosotros; sin embargo, cuando oró con fervor para que no cayera lluvia, ¡no llovió durante tres años y medio!”. Nos dice que Elías oró para que no lloviera y no llovió. Luego oró otra vez para que lloviera y llovió. El punto que quiero que veas es que él era un hombre como nosotros. Esto nos llevas al punto cinco.

5. Pídele a Dios como si hay mucho de por medio

En otras palabras, como si la vida de alguien depende de eso que estás pidiendo. Quizá es tu misma vida. Ora de esa manera. Elías fue un hombre así como nosotros, no era un super héroe, tampoco un super ser humano. El no tenía el “Santo Estímulo”. El mismo Espíritu Santo que vive dentro de nosotros, en el Antiguo Testamento estaba sobre él.

En el verso 17 se nos dice que Elías era un hombre “tan humano como cualquiera de nosotros”. La palabra griega para definir esto es: homoiopathes que significa literalmente: de la misma sensación o pasión, con el sentido de la misma naturaleza. Si no conoces la historia de Elías tienes que estudiarla. Este hombre fue usado por Dios en gran manera. Y tenía las mismas pasiones que nosotras.

Lo vemos con altos y bajos, con victorias en la cima de una montaña. Grandes victorias, pero luego lo vemos sentado debajo de un árbol deseando que Dios le quite la vida. En momento sintiéndose vivo y en el siguiente deseando la muerte. ¿Conocen a alguien así?

No sé porque Dios lo ha planeado así. Nos pudo haber hecho perfectos. Pero optó por dejarnos experimentar la vida con todo lo que trae. Pero eligió perfeccionarnos con todo lo que enfrentamos, que a veces parece que no podemos aguantar el proceso. Pero esto es lo que le trae gloria. Que somos gente con toda clase de pasiones y estados de ánimo. Con toda clase de temores y con toda clase de inseguridades. Pero cuando El toma el control de nuestras vidas. Y se muestra fuerte en esa vida. Todos van a hacer una pausa para decir: “Eso es solo obra de Dios”. El quiere hacer algo en tu vida que hará que la gente a tu alrededor diga: “Eso tiene que ser divino”. La he conocido toda la vida.

Quiero que concluyamos esta lección mirando a la escena de la que Santiago está hablando. Está en 1 Reyes 18:41-46:

41  Luego Elías dijo a Acab: «Vete a comer y a beber algo, porque oigo el rugido de una tormenta de lluvia que se acerca».

42 Entonces Acab fue a comer y a beber. Elías, en cambio, subió a la cumbre del monte Carmelo, se inclinó hasta el suelo y oró con la cara entre las rodillas.

43 Luego le dijo a su sirviente:

—Ve y mira hacia el mar.

Su sirviente fue a mirar, y regresó donde estaba Elías y le dijo:

—No vi nada.

Siete veces le dijo Elías que fuera a ver.

44 Finalmente, la séptima vez, su sirviente le dijo:

—Vi una pequeña nube, como del tamaño de la mano de un hombre, que sale del mar.

Entonces Elías le gritó:

—Corre y dile a Acab: “Sube a tu carro y regresa a tu casa. ¡Si no te apuras, la lluvia te detendrá!”.

45 Poco después el cielo se oscureció de nubes. Se levantó un fuerte viento que desató un gran aguacero, y Acab partió enseguida hacia Jezreel.

46 Entonces el Señor le dio una fuerza extraordinaria a Elías, quien se sujetó la capa con el cinturóny corrió delante del carro de Acab todo el camino, hasta la entrada de Jezreel.

En este pasaje se nos relata lo que Elías hizo. Le dijo a Acab que se vaya que ya llegaba una tormenta. Elías se arrodilla y empieza a orar con su cabeza entre sus rodillas. Luego le dice a su siervo que vaya a ver si hay señal de lluvia. El siervo regresa con reportes no favorables. Nos dice que Elías lo mandó a ver siete veces. Elías ya había dicho, que escuchaba el sonido de una tormenta. Sin embargo, el cielo estaba bien azul, sin nubes.

Siete veces aquí vemos que Elías seguía arrodillado orando y pidiendo por esa lluvia. Y sigue enviando a su siervo, anda mira otra vez, mira otra vez. Y la séptima vez el siervo regresa con un reporte diferente de los previos cuando no veía ninguna nube. El siervo dice a la séptima vez: “Vi una pequeña nube, como del tamaño de la mano de un hombre, que sale del mar”. Enseguida mandó a su siervo a decirle a Acab que se apure. ¡Una pequeña nube! Y Elías sabía que su lluvia estaba en camino.

Hace un tiempo atrás, ni siquiera me imaginaba que iba a enseñar sobre este pasaje en este estudio bíblico. Hice un pequeño devocional con un grupo de mujeres en mi ministerio. Y estudiamos este pasaje. Ese día decidimos hacer manualidades. Traje unas tijeras y papeles para cada una. Todas dibujamos y cortamos un pequeño puño de nuestra mano. La pusimos en una página y la pegamos en ella. Y dijimos juntas: “Estoy buscando una pequeña nube”.

Elías era un hombre como nosotros. Con las mismas pasiones y temores. Buscaba una señal, una pequeña nube en el cielo. Porque así como el sol sale cada mañana, tu lluvia está por llegar.

Alguien vino a leer esta lección hoy solamente para escuchar esto: “Tu Dios no se ha olvidado de ti”. El no se ha ido a otro plan, ni tampoco a otro terreno. El está allí, trabajando debajo de la tierra. Sigue creyéndole en medio de este tiempo que estás “Entre lluvias”. Esa pequeña nube, del tamaño de un puño, pronto se hará ver en el horizonte. Y va a traer una gran lluvia, un aguacero de bendición.

Oremos:

Padre te bendecimos. Necesitamos tu promesa, necesitamos saber que es un hecho. Necesitamos saber que nada puede detener el trabajo que tú has planeado en nuestra vida. Que nuestros fracasos y debilidades no son lo suficientemente fuertes para detenerte en hacer lo que has planeado hacer. Te adoramos. En el nombre de tu Hijo Amado. Amen.

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Esta porción fue tomada de una lección del estudio bíblico de Santiago por Beth Moore que hicimos aquí en El Rinconcito de la Paz.

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