¿Tiempos de sequía? ~ Entre Lluvias ~ Parte 1

ERPsequiaEn el verano pasado hubo un calor insoportable aquí en la ciudad donde vivo. Sin la lluvia todo empezó a secarse alrededor. Es más, un incendio que se originó destruyó más de 360 casas a unas pocas millas de aquí.

Me pregunto: ¿Cómo está la situación donde tú vives? Al parecer estamos en tiempo difíciles por dondequiera que miremos. No dudo que hay cosas en tu vida que deserías que fueran diferentes. Que la sequía que estás experimentando empiece a desaparecer y que frutos empiecen a salir.

En estos días he estado meditando en el proceso de Dios para traer la cosecha a nuestras vidas. Hay algo que debemos tener presente siempre cuando pasamos por momentos de sequía. La cosecha tiene un ciclo. Si no tenemos esto bien claro, esta época de sequía puede tornarse en la peor época de desaliento en nuestras vidas. Hoy quiero que titulemos este artículo: “Entre Lluvias”. Creo que algunas de nosotras nos podemos identificar con este tema muy bien. Veamos lo que la Palabra de Dios nos quierre decir hoy.

Fíjense lo que dicen los versos 7-8 de Santiago 5: “Por tanto, hermanos, tengan paciencia hasta la venida del Señor. Miren cómo espera el agricultor a que la tierra dé su precioso fruto y con qué paciencia aguarda las temporadas de lluvia. Así también ustedes, manténganse firmes y aguarden con paciencia la venida del Señor, que ya se acerca”.

Hay algo en esta porción que quiero que notemos. Es la parte que nos habla de la paciencia. Santiago hace referencia a las temporadas de lluvia y nos insiste en tener paciencia. Algo sobre esa paciencia tiene el propósito de hablarnos a nosotras también, pues dice: “Así también ustedes…”

Técnicamente lo que Santiago está presentando aquí es lo que se conoce como la lluvia temprana y la tardía. Esto era algo muy común en la sociedad agricultora de ese tiempo. Ellos vivían y planeaban sus vidas a través de ese calendario. Ellos dependían de esas lluvias. Las lluvias para los judíos en esa parte del mundo, eran todo. Era la señal de la bendición de Dios. Sin ellas esa cosecha no iba a salir de esa tierra.

Las lluvias tempranas llegaban en la última parte de Octubre o a principios de Noviembre. Las lluvias tardías llegaban a fines de Abril o a principios de Mayo.  Santiago hace una analogía de estas dos lluvias, en el contexto de la venida de Cristo. Hay varias maneras en que esta analogía se puede aplicar a Cristo y su advenimiento. Podemos deducir que esa temprana lluvia se puede referir a su primera venida. Y que la lluvia tardía es la segunda venida de Cristo. En otras palabras, estamos viviendo “Entre esas lluvias”. Una manera de interpretacíón.

Otra interpretación es que también puede referirse al primer derramamiento del Espíritu Santo en la primera iglesia en Hechos 2. Este fue el momento cuando Dios derramó su Espíritu y la iglesia nació. Y ahora estamos esperando esa lluvia tardía cuando el Espíritu de Dios será derramado en toda tribu, lengua y nación. En donde experimentaremos un avivamiento mundial, cual nunca se ha visto y que nacerá de una crisis mundial. Veremos una explosión de evangelismo y discipulado como nunca antes. Esta puede ser la lluvia tardía.

Mientras mantenemos estas nociones en nuestra mente, quiero que pensemos en cómo se relaciona este pasaje a nuestras propias experiencias. No tanto en cómo experimentamos una lluvia temprana o lluvia tardía, pero más bien, una serie de ellas a medida que caminamos nuestra vida de fe en Dios. Vamos a ver si esto tiene algún significado para ti y para mi.

Quiero que pienses en algún tiempo en tu vida cuando has experimentado un derramamiento de Dios sobre tu vida. En donde todo lo que sentías era vida con Él. A donde tú mirabas, era como si Dios, se esmeraba por hacerte saber que estaba presente en tu vida. Cada vez que abrías la Biblia, Él te hablaba. Cada sermón que escuchabas, tú pensabas: ¿Para que están estas personas, aquí, si me está hablando a mí personalmente?. Tenemos esa sensación de que Dios nos está hablando constantemente. ¿Recuerdas algún tiempo así? A lo mejor estás en un tiempo así hoy. Esto es lo que nos anima en gran manera. Ese derramamiento de Dios en nosotros en donde Dios se revela en tu vida y en la mía.

Ahora quiero que pienses en el título que le dimos a este artículo de hoy: ¿Cuál es? Repítelo en voz alta: “Entre lluvias”. Que pasa con esos tiempos cuando nos sentimos como que estamos “Entre lluvias”. ¿Sabes de lo que estoy hablando? Cuando Dios ha sido tan obvio en nuestras vidas y ahora no comprendemos a donde se fue. ¿Alguna persona ha experimentado esto? Nos decimos, ¿qué pasó? Nos preguntamos si Dios ha cambiado de opinión. Puede ser que sentiste un llamado en tu vida y ahora hay un silencio de Dios. Quiero que sepan que cada una de ustedes tiene un llamado de Dios en su vida. Tú estás en esta tierra para dar fruto en el lugar en donde te desenvuelves.

La Palabra de Dios es clara en Romanos 8, todos tenemos un llamado de Dios. Tú tienes un ministerio que cumplir. No pienses en una forma vocacional en donde te pagan para hacer un ministerio. No nos limitemos a esto. Todos hemos sido llamados a ministrar y a servir. Quizá estabas segura de esto. Quizá les dijiste a algunas personas sobre esto. A lo mejor, empezaste un ministerio. Y de repente te preguntas: ¿A dónde se fue? ¿Alguna ustedes ha experimentado esto? ¿Qué pasó?. Quizá, estás pensando que hiciste algo mal, porque parece ser que Dios ha cambiado de opinión.

Puedes haber pensado que estabas encaminándote en lo que pensaste era el propósito de Dios en tu vida. De repente, estás aquí en una sequía. ¿Has experimentado algo así?

Algunas de ustedes puede ser que estén atravesando una temporada de lluvias. Da gracias a Dios por esto. Otras de ustedes quizá están en esa temporada que hemos llamado “Entre lluvias”. Si estás pasando por una temporada de lluvias, alégrate y goza de esos momentos, son con un propósito. Pero ten presente que también llegarán tiempos de sequía como de los que estamos hablando hoy. Ese tiempo que hemos llamado: “Entre lluvias”. Esta es la ley de la cosecha.

Esto es lo que he venido a decirte hoy. Si tú y yo mal entendemos las leyes de la cosecha. Esta temporada que hemos llamado “Entre Lluvias”, puede convertirse en el tiempo más desalentador, y hasta un tiempo en donde abandonamos la tarea de nuestras vidas. Ya que podemos meternos en la cabeza que Dios ha continuado su camino dejándonos atrás.

He venido a decirte hoy, que Dios no ha desaparecido, ni se ha movido. Él se ha posicionado abajo. Dios no se ha ido a otra tierra. Se ha movido bajo tierra. No se puede inundar una tierra, pues no habría cosecha así. La Palabra que recibimos en el tiempo de lluvias, ese derramamiento que experimentamos, siempre tiene que ser probada. No va dar ningún fruto si está inundada continuamente. Tenemos que vivir la fe sin la vista. Es el tiempo en donde practicamos lo que es la fe, creemos aunque no vemos nada todavía.

Después del derramamiento, tú y yo tenemos que transitar una temporada sin lluvia. Esa temporada es cuando empezamos a creer la Palabra que nos fue dada aunque no haya inundaciones de lluvias. Hay momentos cuando la Palabra tiene que ser probada. Es un sitio en donde la Palabra no la vemos cumplida todavía, pero la conocemos y la creemos.

La pregunta que tenemos en la mesa hoy es ésta: ¿Qué vamos a hacer cuando nos encontremos en tiempos como los que hemos llamado en nuestra lección de hoy: “Entre Lluvias”? ¿Qué hacemos? ¿Nos cambiamos de casa? ¿Abandonamos el camino? ¿Qué hacemos cuando nos encontramos “Entre lluvias”?

QUIERO QUE VEAMOS CINCO COSAS QUE PODEMOS HACER MIENTRAS ESTAMOS VIVIENDO “ENTRE LLUVIAS”.

Hoy veremos la primera y en los siguientes días las otras cuatro. ¡No dejes de leer!

1. Aceptemos la belleza del proceso

Acéptalo. No sólo aceptes que es un proceso. Pero hay una palabra importante en este punto, ¿Cuál es?: “la belleza”. Acepta la belleza del proceso. Es un tiempo bello. Quiero que mires a la persona que está a tu lado y le digas: “Debes hacerlo, no te queda más”. Porque ésta es la manera que Dios trabaja.

Recibí el llamado de Dios cuando era jovencita. Sin embargo, pasaron dieciséis años hasta que comprendí lo que debía hacer en esta tierra. Mientras esto sucedía pasaron algunas cosas que tuve que experimentar. Nací en una ambiente de hermanos talentosos. Mi madre trató de hacer que aprenda a tocar el piano, pero mis hermanos eran mejores que yo. Durante los dieciséis años que pasé buscando mi ministerio empecé a tratar algunas cosas. En esa época las únicas personas que conocía en el ministerio eran misioneros. Mi mamá no estaba dispuesta a enviarme a otro país.

Empecé con una clase de “modales de etiqueta”. Enseñé esto por un semestre. La clase más grande que tuve estaba compuesta de tres niñas. Luego empecé a enseñar aeróbicos. Duré doce años haciendo esto. Luego toqué un instrumento en el coro. Pensé que éste era el llamado de mi vida. Dios me había dicho que tenía un llamado, pero no me dijo a dónde iríamos. Luego pensé que era hacer algo con mis manos y aprendí lenguaje de signos. Aprendí muchos coros, que hasta los usé en mi clase de aeróbicos. De allí enseñé una clase de mamás jóvenes.

Con todo esto aún enseñaba mi clase de aeróbicos. Una mujer me pidió que hiciera un taller en una convención de mujeres para que las invitara a unirse a esta clase. En el último taller una mujer que era la conferencista principal se me acercó y me dijo: “Este es tu llamado”. Yo no lo comprendí, y pensé que me decía que tenía que continuar enseñando aeróbicos. Ella me dijo después de un rato de tratar el tema que yo había sido llamada para hablar a otras mujeres. Fueron años después que me di cuenta que no era exactamente “hablar” lo que era mi llamado, pero más bien enseñar. Mi llamado vino a florecer en un aula de Escuela Dominical en donde cada domingo enseñaba a un grupo de mujeres listas a aprender de Dios. Esto duró 23 años en la iglesia donde serví.

Comparto esto porque es importante que escuchemos unos de otros que toma tiempo. Recordemos que Jesús nos ha dado su Santo Espíritu. Tú y yo demandamos que nos dé el “Santo Estímulo”. Queremos que nos unja con el “Santo Estímulo” y oramos así: “Ven, Dios y dame tu Santo Estímulo”. ¡No! Dios quiere darnos su Santo Espíritu para que podamos servirle con poder. Esto toma tiempo porque Él nos tiene en un proceso. Sométete al proceso, porque es un proceso bello.

A nosotros no se nos puede encomendar con algo más grande o mayor hasta que Dios construya ese fundamento por debajo. Él también tiene que quebrarnos y pulirnos, para que podamos darnos cuenta que el poder es a través de Jesucristo y no de nosotros. No es el Santo Estímulo, es el Espíritu Santo.

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Porciones de este artículo fueron tomadas del Estudio Bíblico hecho en El Rinconcito de la Paz del libro de Santiago  por Beth Moore.

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Un pensamiento en “¿Tiempos de sequía? ~ Entre Lluvias ~ Parte 1

  1. Gracias, es una voz de aliento en este momento de mi vida de “entre lluvias”… qué importante es que el desaliento no nos maneje, por el contrario, que aceptemos el proceso y que sepamos que Dios siempre está con nosotros y que está cumpliendo su propósito.

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