De derribada a una convicción contagiosa

ancla“¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón? ¡Pondré mi esperanza en Dios! Nuevamente lo alabaré, ¡mi Salvador y mi Dios!” Salmos 43:5

Hace unas semanas pasé por una situación muy difícil y es mi deseo compartir con ustedes lo que Dios puede hacer en nuestras vidas.

La razón por la que comparto cada blog, artículo, devocional, estudio bíblico y libros que he escrito o estoy escribiendo es porque quiero dar la gloria a Dios por su poder restaurador, liberador y por la esperanza que El da a todos los que se acercan a El.

Déjame decirte que Dios te ha traído hasta aquí porque tiene una palabra para tí. Tú y yo no estamos solas en esta vida. La situación por la que estás pasando no está fuera del alcance de Dios. Cada momento de tu vida y la mía son oportunidades en las que podemos experimentar el poder de Dios.

Me encantaría sentarme frente a frente y conversar sobre tu vida. Creo que nos quedaríamos despiertas toda la noche porque no alcanzaría el tiempo para compartir lo maravilloso que es Dios con nosotras aún cuando hemos pensado que se ha olvidado de nosotras. Aunque a veces tenemos que pasar por tiempos en donde hay lágrimas y dolor, aún allí se hace presente con su bondad y amor.

En estos días Salmos 23:6 viene a mi mente, y dice así: “Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor viviré por siempre”. Esto es precisamente la convicción que debemos tener frente a las dificultades de esta vida. Dios nunca estará distante. Dios no es indiferente a nuestro dolor. Tampoco ha cambiado de opinión con respecto a nuestras vidas, ni ha cambiado del plan A al plan B. Su amor y bondad son inagotables y nos siguien cada día. El sigue fiel a nosotros, a Su Palabra y sus promesas.

No pongo en duda por ningún momento que las situaciones y circumstancias duras de la vida te pueden haber hecho pensar que Dios está ausente. Me ha pasado a mí. Es más, me he preguntado ¿por qué? Y si hemos andado delante de El en rectitud y haciendo su voluntad en nuestras vidas, el sentimimento de abandono se hace mayor. Me temo que no estoy sola en esto. Aunque nos sintamos así, la realidad es distinta. Dios está contigo siempre.

Algo que Dios me ha enseñado a través de los tiempos difíciles es que cada cosa que estoy pasando, cada momento que me hace preguntarme: ¿Por qué? o ¿Para qué? tiene un propósito de Dios en mi vida y es éste: “Que conozcamos a Jesús”. Que cada paso que damos en medio de esa dificultad nos acerque más a El. Que podamos comprender quién es El en nuestras vidas y el lugar que ocupa en medio de esa situación que enfrentamos. Que cada área que está débil en cuanto a nuestro conocimiento de El se fortalezca. Que nuestras almas lleguen a experimentar un asentamiento sólido en sus promesas y en su carácter.

Si no conocemos a Jesús, y no estoy hablando de conocerlo como Salvador, me refiero conocerlo en medio de la situación que estamos viviendo. Si nuestro entendimiento sobre su carácter son superficiales siempre nos sentiremos derribados cuando las cosas no salen como lo hemos pensado.

Hebreos 6:16-20 nos da una verdadera exhortación a conocer la esencia de nuestro Dios. Alguien en quien podemos confiar sin dudas. Estos versos nos hablan de un compromiso que Dios ha hecho con sus hijos. Nos dicen que Dios no cambia de parecer y que El no miente. Los versos 18 y 19 dicen esto: “Por lo tanto, los que hemos acudido a él en busca de refugio podemos estar bien confiados aferrándonos a la esperanza que está delante de nosotros. Esta esperanza es un ancla firme y confiable para el alma”.

Estos versos nos dicen que podemos estar confiados y que tenemos una esperanza que es un ancla firme para nuestra alma. El alma es el lugar en donde se guardan todas las expectaciones y deseos que tenemos. El diccionario griego define el alma así: “El asiento de todas los sentimientos, deseos, afectos, aversiones (corazón, alma)”. Es allí donde guardamos todas nuestras emociones.

En Hebreos 6 se nos dice que la esperanza en Dios es una ANCLA firme y confiable para nuestra alma. Un ancla para todo aquello que está guardado en tu corazón. Cuando estamos en duda por cualquier situación que estamos viviendo y nuestra alma comienza a inquietarse, tenemos que traer todo aquello que está causando ansiedad y temor delante de Dios. Sus promesas, como nos dice Hebreos, son una esperanza. Una esperanza confiable y firme para el alma. En los momentos difíciles o cuando el temor nos acosa es cuando más tenemos que buscar anclarnos en Dios.

¿Te ha pasado que esperas que Dios intervenga en una situación y de repente las cosas no salen como pensaste debían ser? En ese momento empezamos a cuestionar a Dios y nos pregutamos si realmente El está de nuestro lado. Es más, pensamos que nos falló. Yo necesitaba que Dios intervenga a mi favor en una situación en donde fui tratada injustamente. Había confiado en que Dios estaría de mi parte y lo que debía suceder iba a resultar en mi favor, pero no fue así.

Un día después de luchar con la decepción del corazón que estaba sintiendo, abrí la Palabra de Dios. Encontré claramente lo que Dios quería que afirmara en mi alma y corazón. Muchas veces nosotros tenemos los pasos que Dios debe seguir para hacer justicia y le presentamos la agenda para que El la siga. La decepción viene porque El no hizo lo que pensamos era lo mejor. Cuando abrí su Palabra, Dios me habló. En Hebreos 10:30 encontré la respuesta. El me recordó esto: “Pues conocemos al que dijo: Yo tomaré venganza. Yo les pagaré lo que se merecen. También dijo: «El Señor juzgará a su propio pueblo».

Estas palabras afirmaron mi fe como una ancla para mi alma. Dios no siguió mis pasos o mi agenda, pero me dio la confianza que mi situación estaba en sus manos. Esto es lo que Dios quiso que conociera de El en medio de lo que estaba pasando. Este conocimiento de Dios trae descanso para nuestras almas. En esa situación por la que estás pasando, Dios quiere también que lo conozcas. El quiere recordarte su carácter y que siempre es Fiel y Verdadero. 

En Salmos 73 encontramos la queja de Asaf. Quizá para algunos de nosotros ha sido la experiencia que hemos vivido. Miramos a otros que no son ni fieles a Dios y no sufren como a veces nos sucede a nosotros. Sin embargo, pienso que podemos aprender mucho de lo que él dice en este Salmo. Los versos 13-14 nos hacen ver el estado de su alma, cuestionando para que sirve ser fiel. Asaf dice esto: “¿Conservé puro mi corazón en vano? ¿Me mantuve en inocencia sin ninguna razón?  En todo el día no consigo más que problemas; cada mañana me trae dolor”. Creo que tú y yo también hemos sentido esto en algún momento.

Pero Asaf no se queda allí. El continua diciendo esto v.15: “Si yo realmente hubiera hablado a otros de esta manera, habría sido un traidor a tu pueblo”. Aunque a veces hemos sentido lo que Asaf expresa, una persona que tiene su alma anclada en las promesas de Dios, conoce a Dios y sabe que Dios vendrá a su rescate de cualquier manera. Esta confianza es el ancla para nuestra alma.

Asaf nos dice el lugar en donde encontró ese deshaogo para su alma. No fue en decirles a sus hermanos que Dios le había fallado, él consideraba eso una traición. Más bien, fíjense lo que dice el verso 17: “Entonces entré en tu santuario, oh Dios, y por fin entendí el destino de los perversos”. ¡Qué descubrimiento! Es en la presencia de Dios donde podemos comprender y conocer a Dios. Me gusta cuando dice “por fin entendí”.

Esta misma fue mi experiencia. Por fin entendí que la venganza no es mía, sino de Dios. Aprendí a conocer a Dios en medio de mi dificultad. El sabe lo que va a hacer. en medio de nuestras situaciones difíciles. A mi y a ti nos toca descansar y confiar en sus infalibles promesas. El es una ancla para el alma. A ese lugar es a donde El quiere llevar nuestra alma. A ese sitio sólido que no se mueve por nada.

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2 pensamientos en “De derribada a una convicción contagiosa

  1. Qué hermosas palabras, cuánto aliento han dado a mi vida en estos momentos. Hace sólo unos pocos minutos estaba llorando y pensando en la venganza que debe ser de nuestro Padre y no nuestra, y que en efecto el sabe lo que hace. Estas palabras reafirmaron mi confianza y me hicieron sentir en paz. Mi FE hacia ti Señor es muy grande pero como seres humanos a veces somos vulnerables. Dios bendiga a la persona que escribió este bonito artículo porque llegó en el momento preciso a mi vida. Amén

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