“Al que te pida, dale…”

egoismoMis hijos solían pelear por lo que decían era de ellos. Recuerdo cuando tenían algún juguete y decían: ¡Es mío!… No, ¡Es mío! contestaba el otro. Se necesita de una mamá cómo árbitro para parar la pelea que se avecina. Lastimosamente, me parece estar escuchando esto hoy entre los adultos también.

La Biblia habla de esa mentalidad de pensar en uno mismo y no en los demás. A veces podemos estar muy concentrados en lo que es nuestro y nos olvidamos de los que están a nuestro alrededor y necesitan ayuda.

En 2 Timoteo 3:2a se habla precisamente de esa actitud que se hará presente en los últimos tiempos. Miren lo que dice: “Pues la gente sólo tendrá amor por sí misma” (NTV). La Nueva Versión Internacional lo dice así: “La gente estará llena de egoísmo”. Dios siempre ha insistido en dos cosas primordiales para sus hijos: “Amor a Dios y amar a nuestro prójimo”. El amar a Dios no es de una sola via, es de dos, vertical y horizontal.

En los años de ministerio que tengo, he visto como la rivalidad y competencia entre cristianos ha destruído iglesias, ministerios y sigue destruyendo vidas. El egoísmo nos hace olvidar la razón por la que estamos haciendo lo que hacemos. Es más, si alguién que está haciendo algo similar nos pide ayuda, esas personas se convierten en amenazas para nosotros, amenazas para “nuestro” ministerio. En lugar de ayudar, optamos por ignorar. Pienso que es tiempo de morir a la competencia.

Hace unos meses vi un programa de televisión. Una de las escenas de ese programa resaltó una actitud que pienso representa la actitud que Jesucristo quiere que despleguemos nosotros también entre hermanos. Cuando hacemos algo parecido honramos a Dios, no tengo duda alguna.

La escena del programa era así: Una joven que tenía posición social, dinero y respeto en su comunidad tomó como uno de sus objetivos ayudar a una de sus empleadas a realizar un sueño que había tenido desde muy pequeña. Recuerdo tan bien la escena que quiero compartirla contigo hoy:

Joven: ¿Cómo estás? (le dice a su empleada)
Empleada: (Llorando) No estoy bien
Joven: Este no es el final. No debes darte por vencida
Empleada: Pérdoneme señorita pero usted no comprende. A usted la criaron con la mentalidad que todo está a su alcance. Que si quiere algo lo suficientemente eso vendrá a usted. Nosotros no somos así. Nosotros no pensamos que nuestros sueños se van a hacer realidad, porque generalmente nunca se hacen realidad.
Joven: Por esta razón es que nos tenemos que juntar. Tu sueño es mi sueño ahora y yo lo haré que se haga realidad.

¡Qué hermoso verdad! Que respuesta más conmovedora para alguién a quién le parecía no poder alcanzar sus metas. Otra persona le dice “Yo te voy a ayudar” “Tu sueño es mi sueño” ¿Cuántas de nosotras haríamos los mismo si estuvíéramos en esa situación? ¿Ayudaríamos y haríamos el sueño de otro el nuestro?

Pablo habla de las actitudes que pueden surgir entre hermanos en Cristo y nos da pautas para tener otra perspectiva. Leamos lo que dice 1 Corintios 1:10-13a: “10 Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito. 11 Digo esto, hermanos míos, porque algunos de la familia de Cloé me han informado que hay rivalidades entre ustedes. 12 Me refiero a que unos dicen: «Yo sigo a Pablo»; otros afirman: «Yo, a Apolos»; otros: «Yo, a *Cefas»; y otros: «Yo, a Cristo.» 13 ¡Cómo! ¿Está dividido Cristo? ¿Acaso Pablo fue crucificado por ustedes?”

En otra parte, en 1 Corintios 3:5-9 dice: “Después de todo, ¿qué es Apolos? ¿Y qué es Pablo? Nada más que servidores por medio de los cuales ustedes llegaron a creer, según lo que el Señor le asignó a cada uno. Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino sólo Dios, quien es el que hace crecer. El que siembra y el que riega están al mismo nivel, aunque cada uno será recompensado según su propio trabajo. En efecto, nosotros somos colaboradores al servicio de Dios; y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios”.

Qué refrescante es saber que somos “servidores de Dios”. Que somos “colaboradores al servicio de Dios”. Nada más, punto final. Por esta razón, podemos “colaborar” con lo que Dios ha puesto en el corazón de otros para ayudarles también a alcanzar el propósito de Dios en sus vidas. Debemos tener claro que no es el propósito de ellos, sino el mismo propósito para el cual Dios te ha llamado a tí y a mi. Es un privilegio para tí y para mí poder ayudar a aquella persona que Dios pone en tu camino y que te está pidiendo ayuda. Allí es donde tu ministerio y tu vida darán el fruto para el cual Dios te ha llamado.

Dios nos nos ha llamado a hacernos famosos, El nos ha llamado a llevar “Su fama” por todo el mundo. Miren lo que Isaías dice: “Señor, mostramos nuestra confianza en ti al obedecer tus leyes; el deseo de nuestro corazón es glorificar tu nombre” (Isaías 26:8). La versión Reina Valera dice: “tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma”. Este debe ser el deseo de nuestro corazón, ¿Es este también el tuyo?. Es el mío y de todo corazón espero hacer esto: Glorificar a Dios, y dejar su nombre y su memoria en alto en todo lugar.

Tengo que confesarles que tengo un sueño también. Mi sueño es llevar el mensaje de restauración que Dios puede hacer en las vidas de mujeres y hombres que lo buscan. A pesar de las limitaciones que tenemos en este ministerio, el desafío de Dios continúa porque su poder va más allá de nuestras debilidades. Tú puedes ser un instrumento poderoso en las manos de Dios para llevar este mensaje a millares de mujeres alrededor del mundo.

En estas últimas semanas he estado estudiando el libro de Nehemías. En el capítulo 2 verso 12, se nos dice que Dios puso algo en el corazón de Nehemías, leamos: “No le había dicho a nadie acerca de los planes que Dios había puesto en mi corazón para Jerusalén”. Dios había puesto en el corazón de Nehemías el reconsstruír la muralla de Jerusalén.

Esto es lo mismo que sucede con cada persona que quiere servir a Dios de alguna manera. Dios se encarga de dar las ideas y nosotros de ejecutarlas. Sin embargo, es difícil llevarlas a cabo sin la ayuda de otros. Nehemías reunió una cantidad de hombres y mujeres que lo ayudaron a llevar adelante lo que Dios había puesto en su corazón y así levantaron la muralla. Hoy también tú tienes la oportunidad de unirte a El Rinconcito de la Paz y participar en lo que Dios va a hacer a través de este ministerio a nivel mundial. Te invito a unirte a nosotras.

Pronto daremos comienzo a un programa de mensajes por medio de la internet. ¡El primer “Encuentro de Mujeres” cristianas a través de la internet está por llegar! Esta labor no la podemos hacer sin tu ayuda. Por esto, hemos decidido extender esta invitación para que tú participes con nosotros en este proyecto, ya sea individualmente o como líder de un grupo de mujeres. Escribe a: elrinconcitodelapaz@yahoo.com y déjanos saber que quieres participar.

Creo que Dios nos da oportundidades de participar en lo que El está haciendo y hoy te la está brindando a tí. Tu participación en este encuentro de mujeres es crucial para su éxito en todo sentido. Dios quiere hacer y va a hacer grandes cosas en la vida de toda mujer que está buscando más de El y si Dios ha puesto en tu corazón el deseo de ministrar a mujeres, entonces únete. Tu propio ministerio, lo que Dios ha puesto en tu corazón, tendrá grandes repercusiones. Quiero saber si contamos contigo para darte más detalles. Inscríbete hoy, escribiéndonos a elrinconcitodelapaz@yahoo.com.

Recordemos lo que dijo Jesús:

“Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda” Mateo 5:42

Nuestro ardiente deseo es proclamar el poder restaurador de Dios para toda persona que se acerca a El. No dejes de adquirir el libro: “De Cenizas a Belleza” por Noemí Greer. Solicítalo a elrinconcitodelapaz@yahoo.com

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