“Nuestro Verdadero Yo” ~ Devocional: Parte #1

tucareta

Hace unos meses en Yahoo salieron unas fotografías de animales y cosas camufladas. Tenías que hacer un esfuerzo para encontrarlas y saber dónde estaban. Me fue difícil encontrar una o dos. El parecido del objeto o animal a lo que estaba alrededor era tan similar que no se notaba ninguna diferencia.

A veces sucede así en nuestras vidas, no nos distinguimos de los demás y pasamos camuflados.

Creo que no estoy sola en lo que voy a decir. Muchas veces nuestras caretas las llevamos a todos lados. Somos de una manera en cierto lugar y en otros aparentamos lo contrario. No quiero que nadie se sienta en condena aquí. Yo soy la primera en reconocer que viví de esta manera por mucho tiempo.

Con el mayor amor que siento por este ministerio quiero decirles hermanas que si queremos experimentar la vida victoriosa y llena de satisfacciones que Jesús compró para tí y para mí tenemos que dejar a un lado el fingimiento y empezar a ser honestas. Dios no nos ha llamado a vivir vidas de derrota a solas, sino a demostrar el poder restaurador de Dios en medio de lo que hemos vivido o estamos viviendo. Veamos lo que nos dice la Biblia sobre esto.

En Jeremías 3, Dios habla de algo que nosotros podemos acatar como una advertencia para nuestras vidas. En este capítulo Dios nos habla del pueblo de Israel y las malas decisiones que tomó. Dios se refiere a Israel como a una mujer y dice que las decisiones que ella tomó la llevaron a vivir en esclavitud durante ¡70 años!

Cualquiera que sea tu edad hoy, no hay tiempo para vivir en esclavitud. Creo que si te preguntara esto en persona tu respuesta sería “Sí, es cierto”: ¿Quieres vivir con propósito en tu vida? o ¿Quieres llegar al final de tu vida habiendo logrado el propósito para el que Dios te trajo a esta tierra? Creo que tu respuesta es ¡Si!

Leamos lo que dice Jeremías 3:9-10: “Como Israel no tuvo ningún reparo en prostituirse, contaminó la tierra y cometió adulterio al adorar ídolos de piedra y de madera.  A pesar de todo esto, su hermana, la infiel Judá, no se volvió a mí de todo corazón, sino que sólo fingió volverse, afirma el Señor” ¿Recuerdan cuando les dije que Dios se refiere a Israel como una mujer? Esta es una metáfora. Dios utiliza el ejemplo de Israel para ilustrar que nosotros también podemos caer en eso que se llama fingimiento y sólo traer parte de nuestro corazón a Dios.

Me pregunto: ¿Por qué Dios quiere todo el corazón y no solamente parte de él? ¿Alguna vez te has preguntado esto?

La Biblia nos dice una gran verdad sobre el corazón. Nos dice que nuestro corazón es engañoso y perverso: “Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo?” (Jeremías 17:9). Por esta razón, nuestro corazón en las manos de Dios es la mejor opción que tenemos: “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque éste determina el rumbo de tu vida” (Proverbios 4:23). Dios conoce nuestros corazones y a El no lo podemos engañar: “Oh Señor, has examinado mi corazón y sabes todo acerca de mí” Salmos 139:1.

Volviendo a Jeremías. Dios nos habla de Judá y la denomina “la infiel”, quien no se volvió de todo corazón a Dios sino que fingió volverse. Habiendo visto lo que el reino del Norte había cosechado por su infidelidad a Dios, no aprendió y continuó en su misma idolatría, en su mismo pecado. Aquí hay una lección para nosotras también.

A veces, vemos la destrucción que la desobediencia trae a otros. Sin embargo, no aprendemos de ello y más bien damos los pasos en la misma dirección. Luego nos encontramos con las consecuencias devastadoras del pecado, atrapadas y estancadas. Te pregunto: ¿No sería más sabio decir esto?… “No voy a hacer lo mismo que ella hizo” ¿Será posible que alguna vez aprendamos de los errores de otros?

Dios había dicho lo que sucedería al reino del Norte por su idolatría y desobediencia y pasó exactamente como lo dijo. En la misma forma te pasará a tí le dijo a Judá. Viendo lo que sucedió al reino del norte, Judá no escuchó nos dice la porción que leímos anteriormente. La Biblia dice que se fue tras la desobediencia. Dios recalca en el verso 10, que esto la llevó a fingir y a no volverse a Dios de “todo corazón”.

He aprendido mucho por mis propios errores, pero también he aprendido de los errores de otros. Creo que somos sabias, si viendo lo que ha sucedido a otros, escogemos el camino correcto. Si en lugar de ir por el mismo camino de destrucción, escogemos el camino de bendición. ¿No te parece?

Una de las cosas que Dios me ha enseñado es a ser real. A dejar de fingir. ¿Qué pasaría si desde hoy dejáramos de fingir? ¿Qué sucedería si nos sacáramos la careta y empezáramos a ser reales? Si vivimos pretendiendo ser alguien que no somos, estamos en problemas.

¿Se han dado cuenta que en las redes sociales solo presentamos la mejor parte de nosotros? No estoy en contra de las redes sociales, me gusta participar. Pero aún no he visto una foto fea de alguien que conozco. Siempre queremos poner la mejor impresión o la mejor cara para que otros nos vean. ¿No te parece que es tiempo que seamos reales?

Comprendan bien lo que digo. No estoy hablando de ir y publicar toda nuestra vida. Eso no es lo que ser real significa. Tenemos que aprender a ser honestas pero con modestia. La gente no necesita saber detalles de lo que te ha sucedido o te está pasando. Hay personas que sí tienen este privilegio y son los más allegados a tí. No estoy en contra de las redes sociales, pero hay que emplear sabiduría en cuanto a lo que uno comparte de su vida en esos medios.

Si nuestra vida no es la misma que “aparentamos”, estamos viviendo una mentira. Escúchenme bien hermanas, si vivimos fingiendo… ¡nunca vamos a experimentar la libertad que Cristo quiere darnos! Hay una mejor manera de vivir. El Espíritu Santo de Dios no mora en ningún lugar donde hay fraude, donde hay mentira.

Una verdad que quiero dejar clara es ésta: “Cualquier parte de nuestra vida que está pretendiendo o fingiendo, está en cautiverio total” Toda parte de nuestras vidas que está poniendo un “espectáculo” delante de otros, está en cautiverio.

Estoy convencida que nosotras estamos siendo tentandas a diario a “prentender”. Por esto, Dios quiere que le traigamos todo nuestro corazón. No seamos como Judá que eligió fingir, sin traer todo su corazón para volverse a Dios: “A pesar de todo esto, su hermana, la infiel Judá, no se volvió a mí de todo corazón, sino que sólo fingió volverse, afirma el Señor” Jeremías 3:10.

La manera en que vivimos determina nuestro sistema de creencias. No es lo que decimos, sino la forma en que vivimos. Alguién dijo por allí “hablar” es barato. Sin embargo, lo que realmente habla de quienes somos son los hechos, la manera en que nos conducimos en todo momento. Esa es la vida a la cual Dios no ha llamado. Te invitamos a participar de los devocionales titulados “Nuestro Verdadero Yo” que continuarán cada semana durante el mes de Agosto, 2013.

En mi libro: “De Cenizas a Belleza” encontrarás un incentivo diario para vivir una vida sin fingimiento, una vida real y honesta que es la vida que Dios quiere que vivamos. Con la lectura de la Palabra de Dios, comprenderás el propósito de vida al que Dios nos ha llamado a tí y a mí. Es una vida abundante que contagia a otros e invita a otras personas a buscar más de Dios. Adquiere tu copia hoy por una pequeña donación mínima de $7.00. Enseguida te lo enviaremos para bajar a tu computadora en formato PDF. Presiona la foto de Paypal para hacer tu donación.

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