Madre… Alguien está siguiendo tus pasos

madres6¿Alguna vez te han dicho que te pareces a tu madre? Quizá te pareces físicamente o en alguna forma de actuar que ella tiene o tenía.

El otro día mi esposo le dijo a mi hija quien estaba protestando porque la casa estaba desordenada esto: “¡Felicitaciones! Te pareces a tu mamá”. Claro que no se refería a lo “protestona” (sonrisa), pero se refería a mi deseo de mantener la casa en orden. ¡Qué alegría! ¡Finalmente mi hija se parece a mi!

Pero esto me llevó a preguntarme: ¿En qué otras maneras, malas y buenas, se puede mi hija parecer a mí? ¿Qué ejemplo le estoy dando? Recuerdo una vez cuando estaba corrigiendo a mi hija por algo, que me dijo: “Pero tú lo haz hecho”. En ese momento me di cuenta que mis hijos están viendo y aprendiendo lo que yo hago.

El capítulo 31 de Proverbios es uno que lo utilizan a nivel mundial cuando se celebra el Día de la Madre. Hoy pienso en lo que dice Proverbios 31:28-29: “Sus hijos y su esposo la alaban y le dicen: Mujeres buenas hay muchas, pero tú eres la mejor de todas”. Quiero preguntarte: ¿Cuál es esa cualidad que tus hijos o tu esposo pueden alabar de tí?

El Día de la Madre es para agasajar, elogiar, alabar, si podemos usar las mismas palabras de Proverbios, a una madre. Es un tiempo en que nosotras nos sentimos alagadas y estimadas por lo que hemos hecho. Somos reconocidas por nuestra labor de madres. Con todas nuestras imperfecciones, todas las madres nos sentimos felices con las expresiones de amor de nuestros seres queridos. Sin embargo, muchas veces hay madres que sienten el peso de la culpa de no haber alcanzado perfección como madre. Para esas madres tengo un pensamiento que encontré el otro día y que me llevó a suspirar.

Alguien dijo esto: “No hay manera de ser una madre perfecta, pero sí un millón de maneras para ser una buena”. Si estás buscando permiso para aceptar que no eres perfecta, te digo que está permitido no ser una madre perfecta. En la vida tendremos millones de oportunidades de ser buenas madres. ¡Alégrate por esto! Dios te escogió a ti para encargarte a esos hijos que tienes. Dios sabe muy bien que tú eres la mejor madre que ellos pueden tener. Con todas nuestras imperfecciones, eres la madre ideal para ellos.

Meditando en el ejemplo que puedo darles a mis hijos me encontré con el pasaje de Filipenses 4:8-9 que dice: “Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza. No dejen de poner en práctica todo lo que aprendieron y recibieron de mí, todo lo que oyeron de mis labios y vieron que hice”. 

En el verso 8 Pablo hace el llamado a sus oyentes a pensar y practicar aquello que es moral y espiritualmente excelente. Esta acción incluye pensar en esas cosas y seguirlas con la práctica como nos dice Pablo en el verso 9. Les anima a seguir sus enseñanzas y su ejemplo. Hay una coneccción entre el verso 8 y el 9, ¿no creen? No podemos sólo pensar esa lista de virtudes, o decirlas a otros con nuestra boca, tenemos que practicarlas también.

Me gustaría que hablemos de la parte en donde Pablo insiste en que sus oyentes practiquen lo que han visto de él. Me pregunto si yo puedo decirle esto mismo a mis hijos con seguridad y certeza: “No dejen de poner en práctica todo lo que aprendieron y recibieron de mí, todo lo que oyeron de mis labios y vieron que hice”. En otras palabras:  “Imiten lo que han visto en mí”. Me da un poco de temor pensar en esto porque no siempre he hecho cosas dignas de alabanza.

Pablo había sido el maestro e instructor de los filipenses. Por lo tanto, pedía que lo que habían visto de él lo sigan practicando. Creo que lo que Pablo dice en este verso es tan oportuno para nosotras las madres también, quienes somos instructoras y maestras hacia nuestros propios hijos. Pablo dice a su audiencia: “No dejen de poner en práctica…”

1) Todo lo que aprendieron de mí
2) Todo lo que recibieron de mí
3) Todo lo que oyeron de mis labios
4) Todo lo que vieron de mí.

En casa, mi audiencia son mis hijos y mi esposo. Debo confesar que hay cosas de mi que no quiero que mis hijos imiten. No soy perfecta y cometo muchos errores. En nuestra vida diaria como madres experimentamos muchas emociones. Algunas buenas y otras que no queremos que nuestros hijos imiten. Por ejemplo: un gesto malo, una palabra hiriente, una actitud de poco amor, arrebatos de enojo, una lengua mentirosa, una lengua áspera o sucia y otras cosas más como éstas son las que no queremos que aprendan.

Hace unos años cuando mis hijos eran pequeños y andaban conmigo en el carro aprendí una lección. Cuando manejamos, si alguien nos corta el paso, o suena la bocina, o hace algo indebido somos muy rápidos para enojarnos o corregir el error del otro. Es más, a veces los seguimos, o los esperamos hasta que pasen para darles la “mirada santa”. ¿Te ha pasado esto? ¿Alguien más? No me dejen sola por favor. ¿Soy la única?

Ahora que ya encontré a una persona más que puede identificarse conmigo puedo continuar… (Gracias Dios, que no soy la única). Cuando alguien me comenzaba a molestar con su forma de conducir, a veces de mi boca salían “descripciones derogatorias” sobre esa persona. Tú sabes a lo que me refiero. Pobre gente yo les daba un calificativo, un nuevo nombre y apellido. Hasta que un día mi hija vio que alguien hizo algo indebido hacia mi, y me preguntó: ¿Son ___________, mamá? Allí me di cuenta que esta niña estaba viendo cada cosa que yo hacía y decía y que algún día cuando ella manejara las repetiría tal como las había visto de su madre.

Esto me hace recordar a un niño de corta edad que viajaba con su papá en el carro todos los días para llevarlo a su escuela. El escuchaba a su papá expresarse siempre de otros conductores como “idiotas”. Un día un conductor hizo algo ilegal, y el niño instántaneamente le preguntó al padre: “¿Papá, él también se llama idiota?”

Desde muy pequeñitos nuestros hijos aprenden lo que ven, lo que oyen, lo que decimos, y todo lo que reciben de nosotras a diario. Lo que Pablo dice con autoridad me ayuda a evaluar lo que estoy haciendo como madre. Me ayuda a hacer un auto-examen para hacer las modificaciones pertinentes si hay algo en mi vida que no es digno de alabanza y cambiarlo por algo que sí lo es.

Los cuatro verbos utilizados en el verso 9 de Filipenses 4 se los puede dividir en dos segmentos en par. El primer par: “aprendieron y recibieron”. Estos describen a su audiencia, los filipenses. Ellos recibieron instrucción de Pablo en cuanto a la doctrina y vida cristiana. El siguiente par es: “oyeron y vieron”. Estos describen la observación personal del apóstol que los filipenses habian tenido tanto en su hablar y en su conducta.

El comentarista Martin nos dice que en los primeros días de la iglesia cristiana antes que el Nuevo Testamento circulara, las prácticas cristianas fueron enseñadas en su mayoría por las palabras vividas y el ejemplo de los apóstoles. En otras palabras, los apóstoles no repetían lo que sabían, pero lo vivían. Al vivirlo el Dios de Paz estará con nosotros, así concluye el verso 9. ¿Qué desafío verdad?

Como madres tenemos grandes oportunidades de impartir a nuestros hijos el mismo ejemplo de Cristo viviendo en nosotras. Por esta razón, necesitamos del sustento diario de su Palabra para poder enfrentar cada circumstancia que atravesamos con nuestros hijos e hijas con la sabiduría de Dios. En mi libro “De Cenizas a Belleza” comparto en cada capítulo aquellos atributos que Dios quiere desarollar en nosotras al querer cumplir su mayor propósito para tí y para mí: Que nos parezcamos más a Cristo en nuestra manera de vivir.

No vamos a ser madres perfectas, pero sí podemos ser buenas madres. Esa madre se esmera en dejar un legado de virtudes como las de Filipenses 4:8 y otras más descritas en la Palabra de Dios, a través del ejemplo digno de imitar. Queremos llegar al final de nuestros días sabiendo que nuestras vidas fueron un constante ejemplo de la vida de Cristo en nosotras. Para esto, tenemos que tener la determinación de buscar más de Dios todos los días. Esto no va a ocurrir porque lo deseemos solamente. Tenemos que proponernos a aprender a vivir como Cristo. Las instrucciones están en la Biblia. Recuerda mamá: ¡Alguien está siguiendo tus pasos!

“Sus hijos y su esposo la alaban y le dicen:
Mujeres buenas hay muchas, pero tú eres la mejor de todas”

Ahora te toca a tí: ¿Tienes alguna historia de cómo has visto a tus hijos imitarte? ¡Comparte aquí hoy!

Adquiere tu copia del libro hoy: “De Cenizas a Belleza” por Noemí Greer, utiliza este enlace.

Para donar presiona la siguiente foto

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Un pensamiento en “Madre… Alguien está siguiendo tus pasos

  1. que buena enseñanza…….. en verdad que cometemos errores de como educar a nuestros hijos gracias x educarnos a través de la palabra…..

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