Si La Vida Te Da Limones…

Si tuvieras que escoger entre una aflicción o un problema, ¿cual escogerías? Un problema puede estar presente pero a veces no nos afecta de la manera como lo hace una aflicción. Una aflición se define como el resultado de lo que un problema nos ocasiona.

Hay un refrán conocido que dice: “Si la vida te da limones, aprende a hacer limonada.” En otras palabras esto nos invita a hacer algo con aquello que parece no tener ningún valor. Hoy quiero meditar con ustedes en las aflicciones, ¿qué hacer con ellas cuando nos llegan? ¿Cuándo fue la última vez que experimentaste una aflicción en tu vida? El salmista nos comparte su sentir frente a ellas en el Salmo 25:16-22 que dice así:

16 Vuelve a mí tu rostro y tenme compasión,
      pues me encuentro solo y afligido.
 17 Crecen las angustias de mi corazón;
      líbrame de mis tribulaciones.
18 Fíjate en mi aflicción y en mis penurias,
      y borra todos mis pecados.
 19 ¡Mira cómo se han multiplicado mis enemigos,
      y cuán violento es el odio que me tienen!
 20 Protege mi vida, rescátame;
      no permitas que sea avergonzado,
      porque en ti busco refugio.
 21 Sean mi protección la integridad y la rectitud,
      porque en ti he puesto mi esperanza.
22 ¡Libra, oh Dios, a Israel
      de todas sus angustias!
Salmos 25:16-22

La palabra hebrea que se ha traducido como aflicción aquí significa lo siguiente: Un estado de opresión o malestar extremo, físico, mental o espiritual. Si miramos el contexto de esta palabra en el hebreo que se ha traducido como aflicción en el Salmo 25 nos daremos cuenta de las razones múltiples a las que se refiere. Déjenme compartir algunas citas en donde se emplea esta palabra aflicción.

En Génesis 16:11 Hagar ha sido maltratada por Sara. Aquí el verso se está refiriendo a cuando alguien nos maltrata, o simplemente actúa mal hacia nosotros, eso puede causar una aflicción.

En Génesis 29:32 – Jacob había preferido a Raquel en vez de Lea. La aflicción vino como consecuencia al rechazo.  Vemos como los celos y el sentirse rechazada pueden ser una forma de aflicción.

En Génesis 31:42 – Laban había engañado a Jacob, un empleador deshonesto. Aquí también podemos ver otro ejemplo de como alguién puede estar experimentando una aflicción en su vida.

Exodo 3:7, 17 – Vimos que la definición en hebreo implica opresión también. Aquí el pueblo de Israel está siendo también afligido por los egipcios. La aflicción también se puede presentar cuando estamos esclavizados a algo o algo nos presiona.

1 Samuel 1:11 –  Dijimos que la definición en hebreo también incluye alguna forma física de aflicción. Aquí Ana estaba en una aflicción por no tener hijos, su infertilidad le causaba dolor. Muchas de nosotras hemos pasado por esta aflicción o estamos pasando por ella.

Job 10:15 – Job también expresa la aflicción de sus dolencias físicas. También podemos relacionarnos con este sentimiento cuando tenemos un dolor físico, esto también puede causar aflicción.

Salmos 9:13 – El salmista también expresa su sentir de aflicción cuando la gente lo odia. Cuando el odio y el desamor de otros hacia uno se hace presente también podemos estar experimentando aflicción.

Isaiah 48:10 – Una aflicción también puede ser una acción disciplinaria que proviene de Dios. Pensemos en esto por un momento. Ya hablaremos de esto más adelante.

Miremos lo que dice Salmos 25:17: “Crecen las angustias de mi corazón; líbrame de mis tribulaciones.” ¿Qué significa que crecen las angustias de mi corazón? Piensa en alguna vez cuando te has lastimado, nuestro corazón comienza a latir rápido debido a esa herida que estamos experimentando. Cuando una aflicción está presente pasa lo mismo, esta es la figura de la que nos habla este verso, es decir cuando el corazón empieza a ensancharze a causa de las angustias.

Todas las referencias que vimos en el Antiguo Testamento de las formas de aflicción son comunes para nosotros también. Pero en el Nuevo Testamento hay una dimensión que queremos mencionar también. Vemos en 2 Corintios 12 lo que el apóstol Pablo llamó un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás enviado para atormentarlo. Esto fue algo que él pidió que Dios removiera una y otra vez como nos dice él mismo. Pero Dios se propuso en no removerlo.

Tú y yo queremos hacer como el salmista orar para que Dios nos libere de esa aflicción que tenemos. Algunas veces Dios nos libera pero otras veces no. Otras veces Dios no nos libera en forma rápida como quisiéramos y tenemos que esperar un tiempo. Aún así no dejamos de orar, siempre oramos para que Dios nos libere y esto está muy bien.

En ocasiones seremos libradas enseguida, y a veces no. De cualquier forma nuestras aflicciones nunca deben ser una escusa para nuestra derrota. Nuestras aflicciones tienen el propósito de hacernos guerreras victoriosas y valientes. Si Dios deja una área de aflicción en nuestra vida no es con el propósito de destruírnos, aunque éste sí es el propósito del enemigo. Sin embargo, él no tiene poder para destruírnos. La Biblia que podemos estar derribados, pero no destruídos.

Dios permite que experimentemos este tiempo de aflicción para hacernos fuertes y victoriosas. La Biblia nos dice que somos más que vencedores por medio de Jesucristo y que podemos vencer cualquier dominio de Satanás en nuestras vidas por medio de nuestro Señor! Romanos 8:37: “Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”

Cuando he experimentado aflicciones en mi vida, ésta ha sido una forma en la que Dios obra en mi vida y me enseña grandes lecciones. Esta es una etapa que Dios utiliza para acercarnos más a El. Mis últimas aflicciones me han acercado mucho más a Dios y me han ayudado a aprender lecciones que me están haciendo más fuerte frente al enemigo también. Cuando he estado afligida, esa aflicción me ha llevado a los pies de Dios, reconociendo que mi única esperanza está en El. También me han ayudado a buscar su Palabra para encontrar refugio y consuelo en medio del dolor. Pasar por una aflicción nos acerca más a Dios. No tenemos permiso para fracasar en medio de la aflicción. Esa aflicción tiene el propósito de hacernos triunfadoras! Tenemos que pararnos y pelear la buena batalla!

Hace unas semanas tuve una experiencia muy dolorosa en mi vida. En mi lamento buscaba que otros a mi alrededor se compadecieran de mí. En medio de mi deseo de buscar consuelo en otras personas, Dios me enseñó que nunca había estado sola en medio de ese dolor. Los días siguientes fueron de aprendizaje y de ánimo. En uno de mis devocionales Dios me recordó que aún en medio de las aflicciones y pruebas por las que pasamos hay alguién que siempre está intercediendo por nosotras, nuestro Señor Jesús! Hebreos 7:25 lo dice así: “Por eso puede salvar —una vez y para siempre -a los que vienen a Dios por medio de él, quien vive para siempre, a fin de interceder con Dios a favor de ellos.” En medio de mi dolor esperaba que otros vinieran a mi rescate y me consolaran. Hermanas queridas, la gente puede ser de ayuda en cierto modo y hasta cierto punto pero nadie puede cargar con lo que te aflige más que nuestro Dios y El se ha comprometido a hacerlo. ¡Aquí se nos dice que Jesús vive para orar por nosotras!

En Lucas 22:31-32 Jesús habla con Pedro y le dice lo que pasaría más adelante en su vida: “Simón, Simón, Satanás ha pedido zarandear a cada uno de ustedes como si fueran trigo; pero yo he rogado en oración por ti, Simón, para que tu fe no falle, de modo que cuando te arrepientas y vuelvas a mí fortalezcas a tus hermanos.” En realidad no vamos a pasar por ninguna situación ajena al conocimiento de Dios. Nada de lo que estás pasando pasa desapercibido por Dios. Vemos aquí como Jesús sabiendo lo que Pedro iba a pasar, de antenamano le asegura su intervención en favor suyo, que hermoso ¿verdad?. “Pero yo he rogado en oración por tí” Si esto no te hace saltar de alegría, leélo otra vez… Jesús, mismo intercede por nosotras cuando estamos en situaciones difíciles. Dios sabe tu dolor y se compadece. Jesucristo está pidiendo a Dios por tí y por mí cuando enfrentamos aflicciones y tiempos duros. El Salmos 55:22 nos asegura esta verdad también: “Entrégale tus cargas al SEñOR, y él cuidará de ti; no permitirá que los justos tropiecen y caigan.”

Hermanas recordemos esta verdad: Nuestras aflicciones no son para destruírnos, sino para hacernos guerreras valientes y victoriosas! Tenemos que pararnos y pelear la buena batalla! Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir en victoria. 2 Pedro 1:3: “Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda.”

En el verso 18 de Salmos 25 vemos algo que el salmista pide de Dios. “Fíjate en mi aflicción y en mis penurias, y borra todos mis pecados.” A veces nuestras aflicciones pueden tener una raíz en nuestra propia insensatez, rebelión o pecado. Hay ocasiones en que el pecado está envuelto en nuestra aflicción, no siempre, pero a veces ésta puede ser la raíz de nuestra aflicción. La aflicción puede estar presente también en forma de disciplina de parte de Dios. A veces sí puede ser consecuencia de nuestra rebelión hacia Dios.

También puede ser que nuestra aflicción no tiene nada que ver con ningún pecado. A veces puede provenir de la opresión del enemigo en la que somos víctimas de alguna pérdida o devastación de algo. Si estoy en medio de una aflicción por una opresión del diablo yo puedo pecar como resultado de mi aflicción. Podemos experimentar una tentación a pecar enorme cuando estamos dentro de esa aflicción. Ya sea que se manifieste en el pecado de incredulidad, una lengua fuera de control, ansiedad, ira, cualquier cosa que proviene de la carne. Es aquí cuando nuestra oración es como la del salmista y pedimos a Dios que en cualquier lugar que hay pecado dentro de esta aflicción, nos perdone. Una cosa que he aprendido es que el enemigo está acechando ésa área de pecado que dejamos sin confesar y sin perdón de Dios. Por esto es una buena práctica confesar nuestros pecados a Dios y recibir su perdón.

Hay un versículo en el mismo Salmo, verso 11 que dice: “Por amor a tu nombre, Señor, perdona mi gran iniquidad.” Aquí nos habla de su gran iniquidad o su gran culpa. Cualquier culpa vieja que tenemos es el lugar en nuestra vida donde puede surgir aflicción. Es el terreno más fértil que el enemigo tiene para hacer que nazca aflicción. Déjenme decirles esto otra vez: La culpa no tratada es el terreno más fértil para cultivar una aflicción. Debemos proponernos resolver este asunto ante Dios y pedirle y recibir su perdón.

La culpa que sentimos debe ser confesada ante Dios. Si continuamos pensando en medio de esa aflicción en cosas como éstas por ejemplo: esto me está pasando por mi estupidez, todo esto me pasa por haber tomado esa decisión, esto se lo debo a mi insensatez o a mi rebelión o me pasa esto porque le fallé a Dios o a mí mismo. Cuando la culpa nos envuelve nunca vamos a salir de esa condición de aflicción. Vamos a ser libres sólo cuando aceptamos que Dios nos ha perdonado. Todo lo que debemos hacer para ser perdonados es decirle a Dios, me arrepiento, estoy arrepentido de esa forma de vida. Cuando hemos confesado y hemos sido perdonadas, ahora el Señor puede tratar mi aflicción sin tener el pecado enredado en esa aflicción.

Para concluír deseo que veamos el ejemplo de José quién sufrió mucha aflicción. Esto se nos relata en el libro de Génesis. Dios envió a José a un sitio al que él no quería ir para hacer algo que no quería hacer. En esa tierra José tuvo que pasar por muchas formas de tormento mental como cuando sufrió la traición de su familia, el rechazo, su familia lo odiaba, lo acusaban falsalmente. Imagínense cuanto lamento podría haber sentido frente a todas esas aflicciones, una víctima de toda esa maldad.

Dios levantó a José para ser un hombre de profundo impacto en esa tierra mucho antes de que Dios restaurara a su familia. Es importante que entandamos esto. Se los repito: Dios levantó a José a un lugar de profundo impacto en esa tierra mucho antes de que su familia fuera restaurada. A veces nosotros queremos que la restauración con todos nuestros seres queridos llegue primero o que esa situación que estamos pasando se solucione. Deseamos que nos amen o también que aquello que nos aflige desaparezca y pensamos que nuestra eficacia o fruto de vida vendrá después.

Dios quiere levantarnos a pesar de que todavía estamos sintiéndonos traicionadas, abandonadas, rechazadas, o siendo falsamente acusadas. Aún cuando la situación no está resuelta y está teniendo un impacto real en nuestras vidas; allí en ese sitio Dios quiere levantarnos antes de que todo eso se solucione. Dios hizo esto por José. Antes de que su familia fuera restaurada Dios hizo esto por él. Dios hizo esto antes de que José experimentara algún tipo de paz. A veces nuestras aflicciones demoran en solucionarse hasta que cumplan un propósito de Dios en nuestras vidas.

En medio de su aflicción y antes de ver a su familia restaruada José tuvo otro hijo. En el capítulo 41 de Genésis verso 52 leemos algo que hizo José y con lo que quiero concluír. El verso 52 dice esto:  “José llamó a su segundo hijo Efraín, porque dijo: «Dios me hizo fructífero en esta tierra de mi aflicción». “ José le da el nombre de Efraín a su segundo hijo porque ese nombre significa: “Dios me hizo fructífero en esta tierra de mi aflicción”

Sí hermanas, oremos que Dios nos libere de nuestras aflicciones, pero si Dios permite que pasemos por situaciones dolorosas y si la liberación se demora, o si Dios dice no por ahora, dejemos que Dios nos haga fructíferas allí en esa tierra de aflicción. Permitámosle a Dios hacer de nosotras mujeres con fruto en medio de la aflicción. Que también podamos ser llamadas “Efraín” porque Dios nos ha hecho fructíferas en la tierra de nuestra aflicción.

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Un pensamiento en “Si La Vida Te Da Limones…

  1. En este Mensaje pude notar la diferencia de la aflicción y de la tribulaciones y dificultades y que hay que esperar el tiempo de Dios que solo el sabe cuando el nos va a liberar de esa aflicción

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