El Cerdo En La Historia De La Cenicienta

“A una maestra de jardín de infantes se le pidió que su clase dramatizara un cuento de hadas para la conferencia de maestros.

Los niños podían elegir la historia. Después de mucha discusión los niños llegaron a un consenso sobre el antiguo cuento favorito “La Cenicienta”.

La Cenicienta era una buena opción desde el punto de vista del profesor, porque  habían suficientes partes para todos. Cada niño podría participar.

Por supuesto, todas las niñas y, probablemente, un niño o dos quería ser Cenicienta. Enseguida se le asignó una parte a cada uno, excepto a Norman. Norman era un niño tranquilo que no hablaba mucho. Norman pensaba que hablar era una pérdida de tiempo a menos que uno tenía algo que decir. Preocupado, la maestra preguntó: “Norman, ¿qué personaje te gustaría ser?”

Norman no se demoró… “Me gustaría ser el cerdo”, declaró. “¿CERDO?”, Dijo la maestra desconcertada, “Querido, no hay ningún cerdo en La Cenicienta”. Norman sonrió y dijo: “Ahora sí hay!” Y así fue.

Norman diseñó su propio traje. Ropa interior larga de color rosa, un vaso de papel para la nariz y la cola de limpiapipas. Norman el cerdo seguía por todas partes a la Cenicienta y se convirtió en un espejo de cada una de sus acciones en el escenario. Si Cenicienta estaba feliz, el cerdo estaba feliz. Si Cenicienta estaba triste, el cerdo estaba triste. Una mirada a Norman y todos sabían cual era la emoción del momento.

Al final del drama cuando el apuesto príncipe puso la zapatilla de cristal en el pie de Cenicienta, el cerdo Norman se volvió loco de alegría, bailando sobre sus patas traseras y rompiendo su silencio … empezó a ladrar.

En los ensayos la maestra trató de explicarle que aunque hubiera un cerdo en la Cenicienta, los cerdos no ladran. Pero como ella esperaba, Norman le dijo a su maestra que este cerdo si ladraba. Y los ladridos, ella tuvo que admitir estaban muy bien hechos.

La presentación fue un éxito y ¿quién supones que recibió una ovación de pie? Por supuesto Norman el cerdo que ladraba, quién, después de todo, era la verdadera Cenicienta.”

(Traducido del libro: Messy-Spirituality by Mike Yaconelli)

Me pregunto: ¿Cuántos Norman habemos por allí que a veces pensamos que no tenemos parte en la gran historia de Dios? Como hemos visto Norman tenía cierta testarudez podriamos decir. Norman rehusó aceptar que no había un lugar en la historia de La Cenicienta. Vamos a tener la tentación de pensar que no tenemos ninguna parte en el plan de Dios o el cuerpo de Cristo. El enemigo está detrás de gente que sabe que si caen no sólo caen ellos sino también los que están a su alrededor.  La Palabra de Dios nunca dice que no hay un lugar para aquel que ha sido perdonado. Es el hombre el que dice no hay lugar. Si no fuera verdad que Dios puede usar a una pecadora arrepentida, yo no estaría en el ministerio hoy y muchos otros tampoco.

Sí hay un lugar para nosotras, aún si fuera un cerdo ladrando en La Cenicienta.

Hermanas queridas, hay un lugar para cada una de nosotras en el plan de Dios. No dejemos que el enemigo, ni nadie nos diga lo contrario! Tú tienes un lugar! Que en este nuevo año decidamos cumplir con el propósito al que Dios nos ha llamado.

Salmos 40:8: “Me complace hacer tu voluntad, Dios mío,
   pues tus enseñanzas están escritas en mi corazón.”

 

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