Yo Perdono, Tú Perdonas, El Perdona… Yo? Perdonar?

Una mujer hizo esta pregunta a una autora famosa: “Como puedo perdonarme a mí misma”? La autora respondió, querida hermana, podrías buscar en toda la Escritura y no encontrarás ningún versículo que te enseñe a como perdonarte a tí misma. Jesús nos perdonó y te escogió para que también tú perdonaras a otros, pero no vas a encontrar en ningún lugar en la Biblia donde El te dice “ahora anda perdonate a tí mismo” Ella agregó que si verdaderamente nos apropiaramos del perdón de Dios y lo aplicaramos a nuestras vidas, eso cubrirá nuestra necesidad de perdonarnos a nosotros mismos.

En Efesios 4:32  se nos habla directamente sobre esto y se nos dice: “Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.” Estas son las dos oportunidades de perdonar de las que la autora estaba hablando, cuando Dios nos perdona y cuando nosotros perdonamos a otros. En el griego las palabras perdónense y perdonado son exactamente las mimas palabras. La palabra “charizomai” usada en estas dos palabras proviene de la palabra “charis” que significa “gracia.” En otras palabras lo que esta palabra nos esta diciendo es cuanto a perdonar es esto: “dales gracia” así como a tí se ha dado también gracia, extiende tú la misma gracia.  La palabra “charizomai” nos indica entonces que debemos tener “gracia” para con los demás! Cuando Dios nos llama a perdonar a otros así como hemos sido perdonados, Dios quiere que mostremos la misma gracia que El tuvo con nosotros. El no está diciendo que la gente merece tu perdón, es más tú no merecías su perdón tampoco, pero nos dice: “Yo te he mostrado gracia”, por lo tanto, tú también debes hacerlo.

En la medida que permitimos que la gracia de Dios penetre en nuestra alma, espíritu, mente y corazón, seremos capaces de extender Su gracia también a otros. La razón por la que nos aferramos a no perdonar es porque muchas veces somos legalistas, un pueblo de la ley. Muy a menudo cuando las personas tienen problemas para tener misericordia hacia los demás, y no pueden perdonar, es probable que exista alguna raíz de legalismo. Pero cuando Dios empieza a sanar nuestros corazones, una persona que ha experimentado la gracia de Dios en su vida, de la abundancia que él o ella ha disfrutado, no tiene más que compartir esa gracia con otros. A veces nos gustaría olvidar la ofensa, pero no podemos. Nosotros no tenemos un mar de olvido, sólo Dios lo tiene. ¿Qué hacemos con esa ofensa, que no podemos olvidar entonces? Tenemos que dejar que Dios tome esa mala experiencia y la bautice en el río de Su misericordia para luego nosotros hacer lo que dice 2 Pedro 3:18:  crecer en “la gracia”. Leamos lo que dice: “En cambio, crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.”

No soy ajena a los malos tratos, los insultos, la traición de amigos, el abandono, o haber llorado por algo que me rompió el corazón o también injusticas contra mí o mi familia. Sé que tú también haz tenido estos dolores y talvez hoy los estás viviendo. Es más puede ser que hoy día tú corazón esta hecho pedazos por algo que te hicieron. Se me hace un nudo en la garganta al escribir esto porque sé el dolor que la gente nos puede causar, lo he vivido en carne propia. También he llorado la traición de un amiga, y el abadono de otra, los insultos sin razón y mucho más. Al momento de la ofensa debo confesar que no tenía en mi corazón la gracia para perdonar, pero Dios tuvo que mostrarme esta realidad: “Mira cuanta gracia yo he tenido contigo Noemí, tú también tienes que hacer lo mismo!” Quiero crecer más y más en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, y tú?

Para concluír quiero compartir una oración personal que talvez sea algo con lo que ustedes se pueden identificar también: “Dios te doy gracias que viniste a comer con pecadores, con una pecadora como yo. Gracias que viniste por mí Señor. Hoy me doy cuenta que mi vida sin tí no hubiera tenido sentido. Todo lo que he vivido ha sido con el propósito de que yo comprenda la esencia de tu gracia en mi vida. Si no hubiera pasado por lo que he pasado, nunca lo hubiera entendido. He querido agradarte, y muchas veces he fallado, pero una y otra vez me has mostrado tu gracia para perdonarme. Me he dado cuenta que sin tí Señor mi vida no vale nada. Gracias por tu perdón, y por la gracia que me desmostraste en medio de mi pecado. Gracias mi Señor, gracias! Gracias que viniste por pecadores como yo. Estoy agradecida por tu immenso reservorio de gracia que es infinito y nunca se termina! Te bendigo Señor porque “mientras más pecaba la gente, más abundaba la gracia maravillosa de Dios.” Oh Gracias Señor por tan grande amor! Padre Celestial nosotros debemos ser la gente más llena de gracia que existe en este mundo, oh que lo seamos Señor! Gracia Oh Dios, Gracia es lo que necesitamos Señor! Ayúdanos a crecer en ella. En el nombre de Aquel que la trajo, Amen!”

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